sábado, 21 de febrero de 2009

23-F


Llega Febrero
con su Tejero
pisando fuerte.

Tricornio en vena,
hoy no se cena,
viva la muerte.

Golpe de Estado,
vuelta al pasado,
calle cautiva.

Cuarto menguante
para el talante,
manos arriba.

Vuelve la España
de la guadaña,
luna de hielo.

Qué se creía
la poesía,
todos al suelo.

Y con la noche
cruzando en coche
por la frontera,

sueña el Congreso
que no está preso,
¿Dios no lo quiera?

A la una y cuarto
nos da un infarto,
ya sale el Rey.

Pasa el disgusto,
menudo susto,
viva la ley.

sábado, 14 de febrero de 2009

Catorce de febrero


Catorce de febrero:
te digo que te quiero
porque toca.

Mañana pincha en hueso,
que no me quedan besos
en la boca.

Capricho de almanaque,
si dejas que te atrape
estas jodido.

Las cenas y las flores
le sacan los colores
a Cupido.

Los plasticorazones
fabrican emociones
que no laten.

Con tanto consumismo
se va el romanticismo
por el water.





miércoles, 11 de febrero de 2009

Conciencia y dinero... agua y aceite

Los políticos no roban (o no roban más) porque tienen conciencia. Pero no esa que te va diciendo lo que está bien y lo que está mal, que esa se tranquiliza yendo de compras, sino conciencia del peligro, o sea, porque saben que lo que pueden ganar es mucho menos de lo que pueden llegar perder si aparece Garzón con el guante. De todas formas, si meten la mano en la caja no es porque sean trincones por naturaleza (el corrupto no nace, se hace), simplemente la tienen a tiro. Es fácil: Primero ves el tesoro ahí, desenterrado, esperando por ti, luego piensas que “el dinero no es nada, pero mucho dinero, eso ya es otra cosa”, que “al perro que tiene dinero se le llama señor perro”, y cuando te quieres dar cuenta, la palabra “recalificar” te la pone dura. Es humano. De hecho, si el carpintero, la cirujana o el administrativo pudieran caer en la tentación... el infierno tendría lista de espera. Dicho de otro modo: Pídale a un niño que vigile las golosinas. Teniendo esto presente, la noticia de la penúltima trama de corrupción desmantelada en los madriles extraña poco o nada. Y si no sacan más mierda no es porque no haya, es porque está más abajo, o sea, más arriba. Esto que decimos, ya lo dijo Michael Corleone en la tercera parte de El padrino: “Siempre intenté escalar socialmente para escapar de la mugre. Pero cuanto más subo, más mugriento y retorcido es todo”.

Por tanto, si sabemos que el dinero abre todas las puertas, que “huele bien venga de donde venga” y que por eso conviene vigilar al vigilante, lo suyo sería poner una fiscalía anticorrupción en cada esquina. Y nada de excusas del tipo: “no hay presupuesto”, porque el coste del operativo se paga con la mitad de la mitad del dinero que se pierde en el camino que va de una adjudicación a una ejecución de obra. Otra cosa es que si esta idea se llevara a cabo, no habría gestoras suficientes para gobernar los ayuntamientos, las autonomías y los gobiernos centrales, además de que habría elecciones cada domingo, pero solo así lograríamos disuadir a esa mano que en un primer momento se mete en la caja como tropezando, y luego va como Pedro por su casa. Y si hay que meter un micro en el culo de la clase política, que se compren vaselina.

Aunque no estaría de más endurecer las penas por delitos de corrupción, porque demasiadas veces sale más barato robar mil millones que un chorizo, urge que los partidos políticos se comprometan a largar al sospechoso, sin esperar a que una sentencia ratifique lo que clama al cielo. Pongamos, por ejemplo, el caso de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, que ingresó en sus cuentas seis millones de euros sin justificar entre 1999 y 2004. Todos sabemos, los del PP también, que este señor es culpable, así que lo lógico y normal sería ponerlo de patitas en la calle. Otra cosa es la Justicia, que no es precisamente Usain Bolt, lo pueda demostrar un año de estos. Me refiero a que en la calle, y menos si te dedicas a la política, no tienes derecho a permanecer en silencio, no tienes derecho a un abogado y no hace falta que tus huellas estén en el arma homicida para saber que algo huele a podrido en Dinamarca.

viernes, 6 de febrero de 2009

La mira torcida del presi


En la penúltima batalla de la guerra de los medios, librada esta vez entre La Sexta e Intereconomía, Fernando González Urbaneja se equivoca de delito y de culpable, o sea, confunde el qué y el quién, dos de las cinco incógnitas que te enseñan a despejar en la primera clase de la Facultad de Periodismo. Por eso, que la pifie un becario, pase, pero el presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa… manda huevos.

En referencia al gol que El intermedio le coló a Más se perdió en Cuba, este señor declaró lo siguiente: “este episodio revela un desprecio y una enorme ignorancia de las reglas de este oficio (…) Esto no revela más que el estado deplorable en que está la profesión en estos momentos, y con comportamientos así sólo se entra en una dinámica que conduce al desprestigio de todos”. ¿Acaso la chapuza del fontanero daña la imagen del electricista? ¿Puede la filigrana del orfebre beneficiar en algo al peluquero? ¿Desde cuando entretener es sinónimo de informar? Ni Wyoming es periodista, ni su programa otra cosa que una coña marinera, por eso no se entiende el ataque. De hecho, Urbaneja tendría que haber apuntando a la otra diana, esa en la que sale la jeta de un licenciado en Periodismo que no contrasta la fuente porque en su programa, como en su cadena, primero disparan y luego, si cuadra, preguntan. Total, si se equivocan, más se perdió en Cuba. Ese es el delito y ese es el culpable, así que presi… nos vemos en septiembre.

Por cierto, el tal Xavier Horcajo, que así se llama el, repetimos, periodista y director de Intereconomía, dice que él es un profesional que se limitó a denunciar un supuesto delito y que no se retracta de nada porque Wyoming “es capaz, perfectamente, de reproducir la escena que describe el vídeo”. Dicho de otro modo: Vale, era inocente, pero qué no habría hecho de seguir con vida.
Y aquí termina la historia del Malo Maloso y del sheriff con la mira torcida. Menos mal que en las de vaqueros siempre ganan los buenos.

jueves, 5 de febrero de 2009

Los lunes al sol


San Jerónimo recomendaba trabajar en algo, “para que el diablo te encuentre siempre ocupado”. Por desgracia, hoy, en España, el diablo se siente como el Piraña en una pastelería: no sabe por dónde empezar. Más de tres millones de personas, la mitad de la población de Madrid, andan buscando flores en un desierto laboral que se extiende irremediable, como el fuego por un bosque de agosto. Casi doscientos mil trabajadores perdieron su empleo en el último mes, o sea, tantos como habitantes suman Salamanca, Béjar y Ciudad Rodrigo. Según los datos de la Encuesta de Población Activa, ya hay más de 800.000 familias con todos sus miembros en paro, lo que viene a ser (si contamos dos empleados por familia) como si ayer mismo, en Barcelona, no hubiera trabajado nadie. Estas son las cifras. Detrás están los duelos: las lágrimas de la pareja que pierde su nido de amor, la angustia del padre que mira a sus hijas con cara de náufrago, el miedo del joven que dice la palabra “futuro” como si pronunciara “muro”, y todo el mal rollo que cabe en 3.227.801 lunes al sol.

Al ver semejante páramo, en el jardín de al lado crece el pesimismo, la querencia al empate, el virgencita que me quede como estoy, la cobardía. Por eso cuando el Gobierno nos pide por favor que compremos, porque ese es el camino de regreso al futuro, a alguno le da por pensar que una cueva con fuego es un refugio, y otro dice que los charcos también forman parte de la lluvia, y un tercero se consuela porque un sueño es verdad mientras no se despierta. Ya saben, ese tipo de migajas que, sin llegar a alimentar, al menos entretienen al estómago. Conclusión: mientras unos pasan de abrir las cartas del banco porque son malas noticias, otros las abren como si estuvieran desactivando una carta bomba. Y como en estas circunstancias, ni Obama es capaz de vender caramelos a la puerta del cole, urge pensar en una receta alternativa, cualquiera que no incluya el consumo entre sus ingredientes. No sabemos cuál puede ser la buena, pero tal vez los que mueven los hilos tengan una pista. De hecho, si fueron capaces de sacar una burbuja de un ladrillo, podrán improvisar otro truco, ¿o no? Igual el problema es que van faltando conejos, porque chisteras hay dos por sucursal. El caso es que nos hundimos y no quedan flotadores en segunda clase. Por tanto, solo hay dos opciones: ponerle una vela a San Andrés o amotinarse para sustituir a la tripulación, ya que al parecer no sabe navegar a contra viento. No se le puede decir a un moribundo que “todo se arreglará”. Hay que ponerse en su pellejo, y eso es justo lo que no está dispuesto a hacer el capitán, con lo cual, difícilmente podrá encontrar un cabo para rescatar a quien se ahoga todos los días.

Alguien dijo que “el cerebro es un órgano maravilloso. Comienza a trabajar nada más levantarnos y no deja de funcionar hasta entrar en la oficina”. Dicho de otro modo: lo bueno del trabajo, además del dinero, es que te aísla de los problemas. Lo malo de que falte, además del dinero, es que hoy, en España, hay más de tres millones de personas buscando refugio.