
lunes, 28 de julio de 2008
La Milá contra los malos

jueves, 24 de julio de 2008
Puntos de vistas

Fijaros en la foto. Es la de las dos niñas gitanas que aparecieron muertas en una playa de Italia. Cuando la ví, lo primero que pensé fue que los bañistas son unos hijos de puta y que yo jamás podría actuar así, como supongo que pensásteis vosotros. Pero fijaros que todos nos pusimos en la piel de los bañistas, nunca en la de las niñas. Igual pasa lo que pasa porque miramos desde un único punto de vista.
El mileurismo que aún no viene
Queremos jugar la Champions, pero no rascamos bola; que Las Ventas nos saque a hombros sin dar un pase; que la chica nos diga que sí porque sí, porque esto es jauja y nosotros su cara bonita. Pedimos y pedimos y volvemos a pedir como esos niños repelentes que no callan la boca hasta que les dan el capricho o la bofetada. Y como el horno no está para bollos, nos van poniendo el culo colorao. Bien está que el espejo no te devuelva a Pozí, pero tampoco es sano admirar a Clooney. Somos lo que comemos, y comemos de menú. Ajo y agua.
En la bella Salamanca los datos no cantan por alegrías, sino por soleas con quejíos de carteras con claros síntomas de desnutrición: Casi el sesenta por ciento de nosotros quisiera ser mileurista, lo que significa dos cosas: que no llegamos a fin de mes o llegamos con oxígeno, y que adónde coño vamos con el AVE si no tenemos con qué pagar el billete. Si la ida y vuelta a Madrí cuesta hoy treinta euros, ¿A cuánto creen que saldrá el viaje en el pájaro? ¿Quién se va a rascar el bolsillo si no hay nada que rascar? Los casi mileuristas va a ser que no. Se siente. Tocará seguir subiendo a los trenes con y del retraso mientras dos o tres paisanos van y vienen puntuales por los carriles de la abundancia.
Salamanca sin blanca ¿quién te mantiene? Porque si son, como dice mi vecino de aquí al lado, los cuatro perritos sin alma que van y vienen por la cuerda floja de una economía que no se deja domesticar, mejor será aparcar el AVE en el nido o directamente cortarle las alas para coserlas a un futuro que van cayendo en picado. Necesitamos que nos echen un cable, no una soga al cuello. Buscamos trabajo, pero no a cualquier precio. Urge que los que pinchan y cortan el bacalao de pocilga se inventen una escalera para sacarnos del agujero en que nos han metido. No queremos que nos lloren, que las plañideras hacen caja en los velorios y, aunque medio muertos, todavía coleamos.
Tampoco somos tontos. No puede ser que las madrileñas pasen de largo si, como nos cuentan, la tenemos tan larga. ¿No sería mejor que nos digan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? O sea, que como mucho resultones, que si ganamos una etapa nos damos con un canto en los dientes y que es preferible llegar a la esquina que quedarse a medio camino de ninguna parte. Repetimos: somos lo que comemos, y comemos de menú. Y si seguimos mirando la carta del quiero y no puedo se nos va a enfriar la sopa.
martes, 22 de julio de 2008
Talentos hasta en la sopa

jueves, 17 de julio de 2008
La palabrota
Así, entre el "profundo ajuste" y la "desaceleración brusca", nuestro hombre fue esquivando la palabrota hasta que el otro día se le cayó de la boca por su propio peso, que ya viene siendo obeso. La pronunció, sí, pero a regañadientes, con un tonito de "vaaale, pesao, para ti la perra gorda", como el tipo aquel del anuncio que aceptaba pulpo como animal de compañía. Pero lo importante es que la dijo, y eso, ay, significa que a la susodicha le han crecido unas alas enormes, tan grandes como las del viejito del cuento de García Márquez. La dijo, y eso, ay, nos dice que tenemos la soga al cuello y que nos sostiene una banqueta de tres patas.
Sin embargo, esto que pinta tan grave, alegra a quienes tienen un pulpo en la salita. Si me das la razón, lo demás no importa, sonrieron detrás del babi los rivales del cole del presi. Por eso, en cuanto tuvieron noticia de que Zapatitos claudicaba y mentaba a la bicha, empezaron a patalear excitados, como los niños que, tras oír la palabrota, te revientan los tímpanos gritando: "¡Ha dicho mierda, ha dicho mierda!".
Estamos de acuerdo en que tenemos un problema: hay crisis. Pero ahora ¿de quién nos fiamos? Unos nos diagnostican, como a Joaquín Sabina, una mala salud de hierro, mientras los otros nos guardan luto. ¿A qué carta quedarse? Benedetti dijo que "un pesimista es solo un optimista bien informado", pero Churchill replicó que "un optimista ve una oportunidad en toda calamidad y un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad". Qué dilema. Menos mal que entre Pinto y Valdemoro está Google y el consuelo en forma de cita de un tal William Ward: "El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas".
La suerte está echada, así que hagan juego y que sea lo que Dios -que se ha hecho petróleo, el jodío, en vez de carne- quiera. Un consejo: si chapotean en un mar de dudas, háganle caso al refranero, que siempre tiene razón. Ya saben: Ante la duda, la más tetuda, o sea, la Ramona.
domingo, 13 de julio de 2008
Otro Franco en el confesionario

sábado, 12 de julio de 2008
La corbata
El día en que la corbata deje de ser obligatoria me compraré una. Mientras tanto, seguiré pasando por un tipo irrespetuoso, poco serio y nada elegante; defectos estos que se le suponen al descorbatado.sábado, 5 de julio de 2008
La señora de la colonia Chispas

jueves, 3 de julio de 2008
Las moscas
