Los políticos no roban (o no roban más) porque tienen conciencia. Pero no esa que te va diciendo lo que está bien y lo que está mal, que esa se tranquiliza yendo de compras, sino conciencia del peligro, o sea, porque saben que lo que pueden ganar es mucho menos de lo que pueden llegar perder si aparece Garzón con el guante. De todas formas, si meten la mano en la caja no es porque sean trincones por naturaleza (el corrupto no nace, se hace), simplemente la tienen a tiro. Es fácil: Primero ves el tesoro ahí, desenterrado, esperando por ti, luego piensas que “el dinero no es nada, pero mucho dinero, eso ya es otra cosa”, que “al perro que tiene dinero se le llama señor perro”, y cuando te quieres dar cuenta, la palabra “recalificar” te la pone dura. Es humano. De hecho, si el carpintero, la cirujana o el administrativo pudieran caer en la tentación... el infierno tendría lista de espera. Dicho de otro modo: Pídale a un niño que vigile las golosinas. Teniendo esto presente, la noticia de la penúltima trama de corrupción desmantelada en los madriles extraña poco o nada. Y si no sacan más mierda no es porque no haya, es porque está más abajo, o sea, más arriba. Esto que decimos, ya lo dijo Michael Corleone en la tercera parte de El padrino: “Siempre intenté escalar socialmente para escapar de la mugre. Pero cuanto más subo, más mugriento y retorcido es todo”.Por tanto, si sabemos que el dinero abre todas las puertas, que “huele bien venga de donde venga” y que por eso conviene vigilar al vigilante, lo suyo sería poner una fiscalía anticorrupción en cada esquina. Y nada de excusas del tipo: “no hay presupuesto”, porque el coste del operativo se paga con la mitad de la mitad del dinero que se pierde en el camino que va de una adjudicación a una ejecución de obra. Otra cosa es que si esta idea se llevara a cabo, no habría gestoras suficientes para gobernar los ayuntamientos, las autonomías y los gobiernos centrales, además de que habría elecciones cada domingo, pero solo así lograríamos disuadir a esa mano que en un primer momento se mete en la caja como tropezando, y luego va como Pedro por su casa. Y si hay que meter un micro en el culo de la clase política, que se compren vaselina.
Aunque no estaría de más endurecer las penas por delitos de corrupción, porque demasiadas veces sale más barato robar mil millones que un chorizo, urge que los partidos políticos se comprometan a largar al sospechoso, sin esperar a que una sentencia ratifique lo que clama al cielo. Pongamos, por ejemplo, el caso de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, que ingresó en sus cuentas seis millones de euros sin justificar entre 1999 y 2004. Todos sabemos, los del PP también, que este señor es culpable, así que lo lógico y normal sería ponerlo de patitas en la calle. Otra cosa es la Justicia, que no es precisamente Usain Bolt, lo pueda demostrar un año de estos. Me refiero a que en la calle, y menos si te dedicas a la política, no tienes derecho a permanecer en silencio, no tienes derecho a un abogado y no hace falta que tus huellas estén en el arma homicida para saber que algo huele a podrido en Dinamarca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario