
El mundo espera a Obama como los niños aguardan la llegada de los reyes magos: con urgencia e ilusión. Vale que el ya nuevo presidente de los Estados Unidos sea el rey Baltasar, pero habrá que ver si también es mago, porque para sacarnos del agujero va a necesitar algo más que una escalera.
Por lo que ha dicho en el discurso inaugural, parece claro que quiere cambiar su país, y a tenor de los resultados electorales, parece que su país quiere que lo cambien, pero para eso precisa algo más que un paquete de medidas anticrisis y una mayoría. Para eso necesita darle al pobre lo que es del rico y al César lo que es de Dios. O sea, la revolución. Y eso, en un país donde casi la mitad de la población está a favor del capitalismo y en contra de la teoría de la evolución, se antoja muy difícil o imposible. Pero aún así, y tal vez por eso el optimismo de estos días, Obama dice que yes, we can, que el pueblo americano no es su espejo, sino el cuadro del salón; que se parece más a Kennedy que a Bush; que esperanza es algo más que “lo primero que piensas después de caerte en un agujero”, y que ahí está él, tan negro, para demostrarlo.
Lo que es indudable es que el nuevo jefe del mundo se deja tutear, y eso ya es algo; que ha sacado los pies de encima del mapamundi, y eso ya es bastante; y que hasta está dispuesto a hablar con sus enemigos: “que sepan que están en el lado equivocado de la historia, pero que les extendemos nuestra mano si quieren abrir el puño”, y eso ya es la leche. Desde luego, que su primera medida haya sido suspender los juicios en Guantánamo dice mucho de este tipo, o mejor dicho, dice muy poco de Bush y de la tropa de neocón que le ha seguido durante estos años, y no porque fuera el más listo, sino porque era el que tenía la pistola más grande. Y tal vez ahí esté el problema. Me refiero a que si te pasas tres días comiendo pan duro y al cuarto te dan una barra recién hecha, pues te sabe a gloria, pero si te dan chuletón te vuelves loco. Dicho de otro modo: en un tris nos han sacado del lado oscuro para meternos en la cama de Skywalker, y eso hace que miremos a Dulcinea con los ojos de don Quijote.
De acuerdo que Obama es Jordan, pero Michael necesitó unos cuantos años para ganar y Barak no tiene ni los cien días de cortesía, así que el reto es enorme, gigantesco. Veremos que pasa, porque el mundo está a la deriva y se acaban las provisiones. En este punto, lo que impulsa a la gente a remar en lugar de a dejarse morir es un gran capitán, al que crean capaz de encontrar una fresa en medio del océano. A eso se le llama esperanza y de eso habla su mensaje, que viene a ser este: El camino va a ser duro y va a ser largo, pero yo tengo un mapa y vosotros, las manos para desenterrar el tesoro.
Decimos que a Obama se le espera como las putas de Sin Perdón aguardaban a William Munny: con la esperanza de que haga justicia y termine para siempre con la triste realidad, tan bien definida en uno de los diálogos de El bueno, el feo y el malo: “El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revolver cargado y los que cavan, y tu cavas”. Desármalos y desentiérranos, please. You can.