miércoles, 15 de octubre de 2008

El Estado, ese cabrón solidario

Hay quien dice que el Estado es un niñato que piensa que el dinero cae del cielo, una ONG de ayuda a vagos y maleantes, un grano en el culo del trabajador. Por ejemplo, Sarah Palin: "En la clase media de América, a la que Todd (su marido) y yo pertenecemos, no es patriótico subir impuestos. Patriótico es decirle al Estado: tú no eres siempre la solución; de hecho, frecuentemente tú eres el problema, afloja la presión fiscal sobre nuestras familias y apártate del camino del sector privado". Las palabras de esta señora, que resumen el pensamiento económico republicano, pasarían de largo de no ser porque ese mismo día el Congreso de los Estados Unidos aprobó el mayor plan de rescate financiero de la historia, una inversión pública de 700.000 millones de dólares para resucitar a Wall Street, o sea, que el problema es ahora la única solución para tapar los agujeros que ha dejado en el camino el sector privado; o dicho de otra manera: que el niñato se queda sin postre porque a papá le han pillado metiendo la mano en la caja. Dejamos hacer al empresario y el empresario nos ha salido rana. Vaya por Dios. Es como si sueltas a Rambo en la fiesta del PC y no hace prisioneros. Quién lo iba a decir. De todas formas, si la candidata a la presidencia del imperio cree a pies juntillas que el hombre no desciende del mono -es partidaria de enseñarlo en las escuelas- y que los osos de Alaska no mueren por culpa del cambio climático, sino porque así lo quiere el Señor, es lógico que tampoco quiera reconocer que le ha salvado el culo un grano apestoso. Y lo peor es que estas ideas de Barrio Sésamo las comparte la mitad del pueblo americano y algunos de los que cortan el bacalao, como los Bush, Putin, Aznar o Berlusconi, a los que no les importa cuántos negritos tienen que morir para que el beneficio suba un equis por ciento. Con este panorama, ¿a alguien le extraña que el mundo se vaya al carajo?

Nos venden que el mejor ciudadano es el que está dispuesto a sacrificarse por su país, y al mismo tiempo defienden que el país le pague las putas a los cuatro tipos que mandan en el negocio, que además son amiguetes. No puede ser que el patriota sirva a la patria y el Estado, al individuo. No tiene sentido. Pensamos que el dinero es un niño demasiado travieso para dejarlo solo por ahí, que alguien tiene que vigilarlo muy de cerca, y que cuatro ojos ven más que dos, así que es preferible encargarle esa tarea al Estado, que puede ser un cabrón, pero es de la familia, que a don Fulano de Tal, que va a la guerra porque es accionista de una fábrica de metralletas.

El sector privado no tiene corazón, le laten las tripas, por eso los norteamericanos sin seguro médico tienen que llorarle a las ONG para que les salven la vida. A eso se le llama caridad. En cambio, la sanidad pública española hace el bien sin mirar a quien. A eso se le llama justicia. No hace falta decir con cuál de estas dos posibilidades se quedaría Dios. Entonces, ¿por qué cuanto más píos más arpíos? Alguien tendría que decirle a Sarah Palin que va a ir al infierno por utilizar la Biblia como el visitador médico, la corbata.P.D: A este paso, Fidel se puede morir tranquilo.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

La tarde del martes

Dice Paquito que en la Glorieta hay tardes de tinta y tardes de tinto, y que a veces, solo a veces, hay sobremesas de bota y literatura. La del martes, por ejemplo, fue una de esas digestiones de metáforas con hielo, aunque dice Paquito que hubo demasiada sed y no tantas musas. También cuenta que en estas tardes todo el mundo tiene una llave pero casi nadie sabe qué puerta abre, o sea, que para ver hay que tener claro adonde mirar, porque de lo contrario uno puede aplaudir al molino en vez de al gigante.
Su compay, otro abonado a los chupitos de tinta y a los renglones torcidos del gin-tonic, prefiere un tonto feliz a un científico cabreado, por eso defiende la alegría aunque no haya para tanto. Menos sabio, pero menos serio, se apunta al vaso medio lleno, a la fiesta en día de luto. Por eso dice que hay tardes, como la del martes, en que lo peor que te puede pasar es que te sirvan garrafón.
Hablamos, claro, de las tardes de Galapagar, de la Fiesta más nacional que nunca. A Paquito, que va a la plaza como a la misa, le pone el siete, la afición; al compay, que va como va, los tendidos de sol y pañuelo fácil. O dicho de otra manera: mientras a uno no le gusta que a los toros te pongas la minifalda, al otro nunca le parece demasiada corta. Y en esas andan, discutiendo qué es mejor: el vino o la borrachera. José Tomás sí, pero no tanto, o José Tomás más y todavía.
El purista cree porque no le queda más remedio, porque ha visto el milagro con sus propios ojos, aunque en el fondo le molesta que también crean los ateos. Su compay, sin embargo, quiere que crean cuantos más mejor. Él es de los que piensan que en la discoteca siempre hay sitio.
Decimos que hay tardes de salón que acaban de madrugada, entre el milagro del verbo y la penúltima copa, buscando respuestas en el saco de las mismas preguntas: ¿Por qué se pone ahí, donde la muerte espera? Porque las rosas, cuantas más espinas, más rosas. Y así se pasan las rondas, discutiendo de toros y de toreros, de cojones y de artistas de cojones. Si Paquito echa el freno, el otro acelera y en ese plan. Por eso combinan tan bien, porque son como el ron y la coca-cola. Y a mí me gustan los toros desde que me los cuentan.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Agosto tiene la culpa

Agosto desemboca en tragedia como el domingo desemboca en drama, por eso septiembre es el peor lunes del año. Llega de morros y con el ánimo a los pies tras la calma chicha de la vacación, que siempre precede al inicio de otra guerra. Así, el nuevo curso aterriza nublado, irremediable, apocalíptico, nasío pa matá. Los síntomas primeros lo dicen todo: crece la cola del paro, el divorcio, el colesterol, la hipoteca, el maltrato doméstico y el número de animales sin domesticar, el creacionismo en particular, la religión en general, el chance de McCain, la crisis o desaceleración acelerada, el telón de acero, la mecha guerra incivil… en definitiva, la mala hierba. Los que disparan tienen más balas y los que cavan, menos espacio en el cementerio.

Decimos que el mundo enfila su última recta con cara de lunes, penando su Historia de malos y buenos. Ahora sabemos que los buenos no lo eran tanto, pero el pasado no tiene remedio. Lo mismo que el futuro marchito que nos tatuamos a sangre y fuego. Vale que "nuestra vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir", pero a qué tanta prisa por desembocar. Por eso, porque no supimos estirar la primavera, pensemos cómo atrasar el invierno que viene, cómo engañar al calendario para "hacer del lunes otro sábado". Urge jugar de farol, nadar sin guardar la ropa, apostarlo todo al siete y empezar de cero. Tiremos los dados sin miedo a morir porque ya estamos muertos. Celebremos lo poco que tenemos porque es mucho más de lo que podríamos haber perdido. "Ayer se fue, mañana no ha llegado". Brindemos entonces por hoy, por este septiembre todavía soleado. ¿Que solo son dos días? Y dos noches. ¿Que el bar está a punto de cerrar? Pidamos otra copa. ¿Que el mundo es un tsunami? Pues surfeémoslo, porque solo hay dos maneras de pasar la vida: mirando el reloj o el culo de la chica.

Agosto tiene la culpa. Eso lo sabemos. Y tal vez septiembre sea un cabrón, pero no un puto cabrón. Depende de nosotros. Se trata de olvidar las nubes, de ponerle al mal tiempo buena cara, de querer querer. En resumen, se trata de disfrutar del desierto porque detrás de esa duna está la playa. Mintámonos un poco, coño, que la vuelta al cole no solo trae deberes; también viejos amigos y nuevos amores y recreos y viernes por la tarde. Toca disfrutar, ahora que aún se puede, que mañana será otro día y quizá venga de luto. Hágannos caso: Este lunes no merece una lágrima.

lunes, 1 de septiembre de 2008

El chico de oro

Los hombros del chico de oro soportaron todo el peso del pop durante veinticinco años. Luego, aquella locura se hizo carne, convirtiendo a la mariposa en gusano. El exitazo de Thriller (aún hoy sigue siendo el disco más vendido de la historia) le dio la puntilla y de aquel zombi de mentira resultó un zombi de verdad. Dicen que la culpa la tuvo su padre, que le obligó a trabajar como un negro para pagarle una vida de blanco. Dicen que si no creces con Peter Pan terminas aliviándote con Wendi. Dicen que si pierdes el tren de la infancia acabas odiando cualquier estación.

Michael Jackson cumple medio siglo de luces que fueron estrellas y sombras que son agujeros, donde el mito pasa la vida sin preocuparse de buscar la escalera que lo traiga de vuelta. Hay quien reza para que vuelva al mundo de los vivos, pero la locura está fuera de la jurisdicción divina. Él, como Don Quijote, piensa que los locos somos nosotros, los adultos, los que vemos molinos donde solo hay gigantes, los que zapeamos cuando echan dibujos por la tele.

Decimos que el rey del pop y de las excentricidades (duerme dentro de una burbuja y quema su ropa a diario por miedo a que se lo coman los gérmenes, alquila úteros para ser papá, viste a sus hijos con burka y hasta quiso comprar el esqueleto del hombre elefante para decorar la salita) descumple años en el jardín de infancia de Neverland, rodeado de mocos, mascarillas y peluches; observado de cerca por sus tutores legales, los abogados de la multinacional Sony, quienes vigilan su libido y su herencia igual que los buitres velaron la agonía de Bambi. Es probable que Jackson tocara a aquellos niños y es seguro que sus padres, tras metérselos en la cama, prefirieron los dólares a la justicia, pero Michael no tuvo la culpa de todo aquello, porque el loco no es culpable de su locura lo mismo que la ola no es responsable del naufragio.

Black or white? Que importa, si a los niños no les importa, cantaba la voz del millón de dólares mientras se tocaba los huevos. Ahora sabemos que ese tic, que creíamos cosa del show business, del puro márquetin, solo era un gesto infantil, la chulería de un crío asustado.

viernes, 29 de agosto de 2008

Pasando olímpicamente

Cuanto más grande es la casa, más fácil resulta esconder la mierda. ¿Qué viene una visita? Se limpia el ala oeste y punto. Si el invitado se siente cómodo, poco le importa qué hay detrás de la puerta. Esto es lo que ha pasado en los Juegos Olímpicos de Pekín. China barrió su capital de miserias, peros y esclavos, dejando una patena a gusto del consumidor que, como decimos, no tiene vocación de Míster Propper. El resultado final vale para que la villa olímpica gane su quinta estrella y para que la dictadura se legitime: si el sistema funciona, para qué cambiarlo.
El negocio es el negocio, dijo el dinero. Las multinacionales sonríen y las teles hacen su agosto. Dos y dos son cuatro, ergo, el COI duerme tranquilo. Qué necesidad hay de inquietar el descanso eterno de Mao con hambrunas, campos de concentración y presos políticos. Los Juegos han sido un éxito porque nadie ha querido mirar debajo de la alfombra, porque nadie hecho preguntas molestas, ni siquiera los deportistas, que son los únicos que tienen o debieran tener libertad de expresión. Por si acaso, en Barajas, el COE les puso un bozal: ustedes a trabajar, que para eso les pagan.
Hoy Pekín es otra, su contraria, sin maquillaje, sin carteles de Wellcome ni vuelva usted mañana. Miserias, peros y esclavos regresan a sus calles de nuevo sucias, cambiando el paisaje de la foto. Pero eso da igual. Solo importa la instantánea olímpica, que ha salido para enmarcar. La otra, esta, no es apta para el consumo.
Hay quien dice que con Franco fue feliz. Que sí, que igual o seguramente hubo quien que lo pasó mal por sus ideas, pero que él no vio nada raro, que en su barrio la gente sonreía y todo era normal. O sea, ojos que no ven, corazón que no siente. Vivir sin mirar por la ventana. Lo mismito que en Pekín. Y gracias a que nos desvivimos por nuestro ombligo, mañana, los nietos de este olimpismo de cartón piedra, que pasa olímpicamente de cualquier cosa que huela a decente, oirán admirados las historias de Bolt y de Phelps, pero nadie les contará qué pasaba detrás de aquella puerta de la que colgaba el cartel de "Prohibido el paso". Y no escucharán esa historia porque nadie quiso saber la verdad; porque a nadie le interesa; porque la verdad, como la lluvia de agosto, además de mojar, jode.
Decimos que cuando se va de invitado, lo único importante es que las toallas estén limpias. Si antes fueron utilizadas para asfixiar a Bambi o a la opinión pública, eso ya no es asunto nuestro. ¿Están limpias, no? Pues entonces, ¿qué se dice?

domingo, 24 de agosto de 2008

La escopeta nacional

Los papás ya pueden dormir tranquilos y las niñas de Velázquez descruzar las piernas. Alessandro Lequio se casa. La condesa elegida es una periodista del corazón (Dios los cría y ellos se juntan) que se enamoró hasta las trancas el día en que la tranca o trancón del conde se hizo portada. Si cualquier boda es un negocio, está es un pelotazo, porque cobrarán las exclusivas por los dos lados: Uno por decir y la otra por decir que dice. O sea, el gabinete de prensa de don Juan Palomo: Yo me lo guiso, yo me lo como.
Decimos lo del chollo, pero aquí la noticia está en la retirada (difícilmente definitiva) del que ha sido uno de los grandes matadores del ruedo ibérico. Desde que cogió piso en los madriles no ha parado de cuajar faenas inolvidables en las plazas de primera categoría. Incluso cuentan que puso un par de banderillas en la Casa de Alba. Sin embargo, de todas sus tardes de gloria, nos quedamos con la faena que le hizo a Mar Flores en el coso de Fefé. Si levantarle la novia a cualquiera ya es una cosa de mucho mérito, calculen colarse en la cama de uno de los dueños de España y salir por la puerta grande. Por eso nos gusta Lequio, porque es capaz de jugarse los machos si la jaca lo vale. ¿Que hay que saltar de un sexto? Se salta. ¿Que ese falda esconde una piraña? A mí la legión.
Y ahora que la bandera italiana ondea en las alcobas del couché, que su escopeta nacional hizo blanco en todas las dianas, el penúltimo de los Casanovas se corta la coleta para descansar en los brazos de la tal María Palacios, una morenaza de agárrate que vienen curvas. Se repite así el cuento mil veces contado del italiano picha brava que, cansado de picar aquí y allá, termina por rendirse al beso de la española que cuando besa, besa de verdad. Que coman perdices.

lunes, 11 de agosto de 2008

Querencia al judo

Aunque en televisión cada minuto es el último minuto, estos días las competidoras de La Primera bajan los brazos porque saben que el partido está perdido. No pueden luchar contra esa querencia del espectador a lo que sea con tal de que sea olímpico. Así, el hockey-hierba, el pimpón, la hípica o el tiro con arco pasan del pasotismo generalizado al fervor popular. Ocurre lo mismo que con la Navidad: en agosto no come turrón ni Rita, pero llega diciembre y es un no parar.

Decimos que la pasión es mucha, sobre todo cuando le toca el turno a nuestro deporte nacional, o sea, el judo. Llegan las finales y hasta en la mesa se discute si la llave valía un ippon o un waza-ari. Y además en este caso, al contrario que en el fútbol, se habla con conocimiento de causa, ya que no hay familia española que no tenga, como poco, un cinturón naranja entre sus miembros.

Ayer vimos la ceremonia de apertura sin novedad. Mucha pirotecnia, mucha luz y mucho chino. Nos gustó como nos gustan todas, aunque luego no recordemos ninguna, salvo la nuestra, claro, porque el Peret rumbeando al mundo es una cosa mítica. Dicen que igual superamos las 22 medallas de Barcelona. Ojalá. Por poder, podemos ganar en todas las disciplinas menos en las tres que no participamos: béisbol, BMX -que es como ciclocross en pista- y, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡fútbol! Cágate lorito. Justo ahora que los mayores ganan la Eurocopa, los pequeños, que siempre habían ganado, no pasan el corte. En fin.

Nosotros, que pasamos del pasado, es decir, de la gloria triste de aquel cinturón naranja-verde, cambiamos todas de medallas por el oro de la ÑBA. Pasarle por encima a Kobe y compañía con un triple del gran Ricky sobre la bocina... ¿Se imaginan? Eso sí que sería inolvidable. Piénsenlo bien: ganar la final de judo mola, pero a los cuatro meses no se acuerda ni Rita, que por entonces ya estará poniéndose ciega a polvorones.

jueves, 7 de agosto de 2008

La vesícula o el ratoncito Pérez

Con el Archivo pasa lo mismo que con la vesícula: te da pena cuando te la quitan, pero como no sabes muy bien para qué está, pues enseguida a otra cosa, mariposa. También podría compararse con los dientes de leche: el primero que se cae es noticia, pero el último no le interesa ni al ratoncito Pérez.
La semana pasada se llevaron otras siete cajas de San Ambrosio y se dijo mú con la boca pequeña. La primera vez, en cambio, casi nos inmolamos para que nada se pierda. ¿Por qué antes tanto y ahora tan poco? Bueno, porque los legajos eran una excusa para la bronca, otra bala para disparar al grito de ¡Es la guerra, más madera! Nunca entendimos tanta pena ciudadana por unos papeles que ni habíamos leído, ni eran nuestros, ni sabíamos que estaban. Vamos, como la vesícula, que hasta que no te la quitan no la echas de menos. Y aun después, si un amigo les confesara que está pasando una depresión porque no sabe vivir sin vesícula, ¿les parecería serio? A nosotros tampoco.
El pueblo, o sea, Vicente, que tiene toda la soberanía, pero muy poca cabeza, se llega hasta la pancarta si allí va la gente. De hecho, ¿cuántas de las miles o millones de personas que acudieron a la manifestación por la unidad del Archivo fueron a defender la causa y cuántas cogieron coches, trenes y autobuses para darle en la nariz a ZP? Rajoy dice, y lleva razón, que los españoles pasan de estatutos y de alianzas de civilizaciones, que lo que les interesa es la cesta de la compra, la hipoteca y el fútbol. Entonces, si en aquel 11-J de hace tres años no daban pastas, ¿qué coño pintaba tanta camisa rasgada por la calle Gibraltar? Y ya puestos, ¿dónde se metió el rebaño la semana pasada? Porque es curioso: Ahora, que ni Pinito del Oro llega a fin de mes, no se manifiesta ni Dios. Antes, cuando el estado del bienestar no se saltaba una siesta, salíamos a la calle día sí, día también, para demostrar que lo importante no era el qué, sino el cuántos. El caso es que como Fuenteovejuna salió mal, parece que es tiempo de quedarse en casa, de calladito estás más guapo, y a portarse bien, no sea que el ratoncito Pérez pase de largo.
Visto lo visto (o mejor dicho, lo no visto) la semana pasada, parece que el Cristo montado alrededor del Archivo Histórico de Salamanca no le importaba ni al costalero. Y como el mucho teatro da como resultado más teatro, para echar el telón a la polémica de los legajos guerra inciviles va de coña la rima con la que cierra el programa de lucha libre el comentarista de Cuatro: "Aquí estoy porque he venido, / porque he venido aquí estoy. / Si no les gusta mi canto, / como he venido, me voy".

lunes, 4 de agosto de 2008

Cuando el mar es un plató

En Mallorca, la biodramina se pone por las nubes según llega el verano de vacaciones en el mar. Como el turismo rural peca de discreto y el de playa y sombrilla, de dominguero, no hay famoso sin yate, ni paparazzi sin zodiac disfrazada del barquito de Chanquete. Se lleva fardar en cubierta con el tanga de turno, bajar a comer al chiringuito de cinco tenedores y hacer la siesta o el amor en el camarote, al arrullo del Mediterráneo. Agosto es un mes para vivir en náuticos, sin pisar más tierra que el plató de algún programa para desmentir o no que esa celulitis no es lo que parece.
La fama cuesta y, como el amor, hay que regarla todos los días con algún escándalo más o menos escandaloso. Por eso los yates. Pasó la moda del lotazo en la arena, con portada de croquetas de jamón o pechuga. Ahora también importa el continente, o sea, el contexto de alto copete. Por eso las vecindonas quieren un beso de anuncio, un magreo con fondo de catálogo turístico. Así que si eres famoso y no te gusta el mar, te jodes y cambias el gin-tonic por la biodramina, y ajo y agua, sobre todo agua.
De este reciclaje acuático tampoco se libran los mirones con zoom. Metidos a hombre-rana, se pasan agosto con el agua al cuello para enfocar los pezones con que salir a flote. Antes, trabajaban en las dunas, entre parejas con prisas y onanistas tristes. Ahora, los tiburones curran entre medusas, cacas flotantes, colillas de Marlboro y manchas de gasoil.
La costa balear es el set de la tele de este agosto que llega pringado de protección solar, de pringados en busca de cubiertas libres, de polizones quemados de esperar el flash, de contertulios con bilis oculta en el pareo, y de esta España mirona que sigue comprando chismes mientras luce michelín de chiringuito y sueña, porqué no, con un chapuzón de alta mar, un vinito blanco, una paella a bordo y un tanga de aquí para allá que espante la chicharra y la realidad.

lunes, 28 de julio de 2008

La Milá contra los malos


Hacer periodismo con una cámara oculta es como echar un polvo a través del chat: no tiene mérito. Sin embargo, cuando hay dinerito en juego, ya le pueden ir dando al mérito. Como hacen negocio, las parrillas apuestan por vendernos programas policiacos, de esos con redactores que se infiltran en la boca del lobo con un micro metido en el culo. Se trata de tirar de la lengua a los malos hasta que canten sus pecados.
Uno de estos programas es el que presenta los jueves por la noche Mercedes Milá, una supergirl que cuando no anda salvando el mundo se disfraza de tía enrollada del Gran Hermano. En el último capítulo de Diario de, una redactora se hace pasar por una adolescente de 13 años para, a través del chat, encontrarse en el banco de un parque con un pederasta que trata de llevársela al huerto. A pocos metros, en una de esas furgonetas de vigilancia modelo Equipo A, nuestra intrépida heroína escucha la conversación y observa las imágenes de la cámara oculta. De pronto, cuando el señor le dice a la niña que sí, que quiere acostarse con ella aunque sea menor, "porque soy un inconsciente", la Milá pone fin a la operación, sale de la furgo hecha un basilisco y se planta con un cámara delante del banco donde el cazador cazado charla con la presa: Allí, vestida de agente del FBI de incógnito y con los brazos en jarra, le riñe: "Tú qué, te parecerá bonito, no, con una niña de trece años. ¿No te da vergüenza?" y en ese plan. El tipejo se queda callado, como diciendo: "qué marrón, qué marrón" (no sabe que los espectadores no le vamos a ver la cara). Después se levanta y se va. Fin del programa.
Conclusiones: El pederasta se va con los huevos de corbata, pero con los huevos, o sea, que volverá a las andadas. La redactora pasa por púber, así que ya la están contratando para la próxima operación Nancy. Y lo más importante, Mercedes Milá vuelve a demostrar que si usted tiene algún problema, quizá pueda contratarla.

jueves, 24 de julio de 2008

Puntos de vistas


Fijaros en la foto. Es la de las dos niñas gitanas que aparecieron muertas en una playa de Italia. Cuando la ví, lo primero que pensé fue que los bañistas son unos hijos de puta y que yo jamás podría actuar así, como supongo que pensásteis vosotros. Pero fijaros que todos nos pusimos en la piel de los bañistas, nunca en la de las niñas. Igual pasa lo que pasa porque miramos desde un único punto de vista.

El mileurismo que aún no viene

Queremos jugar la Champions, pero no rascamos bola; que Las Ventas nos saque a hombros sin dar un pase; que la chica nos diga que sí porque sí, porque esto es jauja y nosotros su cara bonita. Pedimos y pedimos y volvemos a pedir como esos niños repelentes que no callan la boca hasta que les dan el capricho o la bofetada. Y como el horno no está para bollos, nos van poniendo el culo colorao. Bien está que el espejo no te devuelva a Pozí, pero tampoco es sano admirar a Clooney. Somos lo que comemos, y comemos de menú. Ajo y agua.

En la bella Salamanca los datos no cantan por alegrías, sino por soleas con quejíos de carteras con claros síntomas de desnutrición: Casi el sesenta por ciento de nosotros quisiera ser mileurista, lo que significa dos cosas: que no llegamos a fin de mes o llegamos con oxígeno, y que adónde coño vamos con el AVE si no tenemos con qué pagar el billete. Si la ida y vuelta a Madrí cuesta hoy treinta euros, ¿A cuánto creen que saldrá el viaje en el pájaro? ¿Quién se va a rascar el bolsillo si no hay nada que rascar? Los casi mileuristas va a ser que no. Se siente. Tocará seguir subiendo a los trenes con y del retraso mientras dos o tres paisanos van y vienen puntuales por los carriles de la abundancia.

Salamanca sin blanca ¿quién te mantiene? Porque si son, como dice mi vecino de aquí al lado, los cuatro perritos sin alma que van y vienen por la cuerda floja de una economía que no se deja domesticar, mejor será aparcar el AVE en el nido o directamente cortarle las alas para coserlas a un futuro que van cayendo en picado. Necesitamos que nos echen un cable, no una soga al cuello. Buscamos trabajo, pero no a cualquier precio. Urge que los que pinchan y cortan el bacalao de pocilga se inventen una escalera para sacarnos del agujero en que nos han metido. No queremos que nos lloren, que las plañideras hacen caja en los velorios y, aunque medio muertos, todavía coleamos.

Tampoco somos tontos. No puede ser que las madrileñas pasen de largo si, como nos cuentan, la tenemos tan larga. ¿No sería mejor que nos digan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? O sea, que como mucho resultones, que si ganamos una etapa nos damos con un canto en los dientes y que es preferible llegar a la esquina que quedarse a medio camino de ninguna parte. Repetimos: somos lo que comemos, y comemos de menú. Y si seguimos mirando la carta del quiero y no puedo se nos va a enfriar la sopa.

martes, 22 de julio de 2008

Talentos hasta en la sopa


De toda la vida se sabe que España pare artistas como prole las mamás del Opus, pero últimamente parece que faltan guitarras para abastecer tanto talento. Por eso, para dar salida a las nuevas generaciones del baile y, sobre todo, del cante (con minúsculas), las parrillas catódicas ofertan plato único de verano: deconstrucción de coros y danzas del XXI acompañada de perejil, que no sabe a nada pero, como se estila, luce que es una maravilla.
Entre Tú si que vales, Tienes talento, Fama, Canta! Singstar, la edición número ni se sabe de Operación triunfo y los sucedáneos de autonómicas y locales, es casi imposible zapear sin toparse con el próximo Bisbal o la versión infantil de Farruquito. Lo malo es que al verano le sigue el otoño, con sus promesas cayendo del árbol de la abundancia, y después, ay, viene el invierno a congelar la gloria prometida, a olvidar los te quiero de aquella noche loca en la que los pobres chavales se dejaron hacer, ciegos de flashes y aplausos. Y entonces, dos minutos más tarde de la portada de Interviú, reaparece la realidad pegando hostias, con su lágrima y su factura del diván. Mientras tanto, una nueva remesa de futuras estrellas o estrellados hace cola para el próximo casting.
Decimos porque lo creemos que en España salimos a docena de artistas por piedra levantada, pero convendría que alguien le explicara a estos chavales, a poder ser sus orgullosos progenitores, que una cosa es gustarle a la chica y otra muy distinta que te quiera hacer papá, que no por mucho madrugar amanece más temprano, que el camino del éxito es un pedregal y que para otra vez, cuando se dejen llevar al huerto, cambien la venda de los ojos por un condón.

jueves, 17 de julio de 2008

La palabrota

Hasta ayer, en lo tocante a la crisis, el presidente prefería no mentar la soga en casa del ahorcado, lo que en versión Chiquito viene a ser "te digo trigo por no llamarte Rodrigo". Pensaba Zapatero que pronunciar la impronunciable tenía un efecto Red-Bull, o sea, que le daba alas; por eso, por el bien del país, pero sobre todo por talante, tiraba de eufemismo y llamaba chica rellenita a la Ramonapechugona u hombre de color a Obama. Vamos, lo mismito que cuando el melenas (antes conocido como el del bigote) se refirió a ETA como el "Movimiento de Liberación Nacional Vasco".

Así, entre el "profundo ajuste" y la "desaceleración brusca", nuestro hombre fue esquivando la palabrota hasta que el otro día se le cayó de la boca por su propio peso, que ya viene siendo obeso. La pronunció, sí, pero a regañadientes, con un tonito de "vaaale, pesao, para ti la perra gorda", como el tipo aquel del anuncio que aceptaba pulpo como animal de compañía. Pero lo importante es que la dijo, y eso, ay, significa que a la susodicha le han crecido unas alas enormes, tan grandes como las del viejito del cuento de García Márquez. La dijo, y eso, ay, nos dice que tenemos la soga al cuello y que nos sostiene una banqueta de tres patas.

Sin embargo, esto que pinta tan grave, alegra a quienes tienen un pulpo en la salita. Si me das la razón, lo demás no importa, sonrieron detrás del babi los rivales del cole del presi. Por eso, en cuanto tuvieron noticia de que Zapatitos claudicaba y mentaba a la bicha, empezaron a patalear excitados, como los niños que, tras oír la palabrota, te revientan los tímpanos gritando: "¡Ha dicho mierda, ha dicho mierda!".

Estamos de acuerdo en que tenemos un problema: hay crisis. Pero ahora ¿de quién nos fiamos? Unos nos diagnostican, como a Joaquín Sabina, una mala salud de hierro, mientras los otros nos guardan luto. ¿A qué carta quedarse? Benedetti dijo que "un pesimista es solo un optimista bien informado", pero Churchill replicó que "un optimista ve una oportunidad en toda calamidad y un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad". Qué dilema. Menos mal que entre Pinto y Valdemoro está Google y el consuelo en forma de cita de un tal William Ward: "El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas".

La suerte está echada, así que hagan juego y que sea lo que Dios -que se ha hecho petróleo, el jodío, en vez de carne- quiera. Un consejo: si chapotean en un mar de dudas, háganle caso al refranero, que siempre tiene razón. Ya saben: Ante la duda, la más tetuda, o sea, la Ramona.

domingo, 13 de julio de 2008

Otro Franco en el confesionario


Cuando el funeralísimo dijo aquello de "dejarlo todo atado y bien atado" no se refería al futuro de España, que era el medio; hablaba de su familia, que era el fin. Ahora, pasados treinta años, algunos de los nietísimos se han pulido la herencia que el abuelo nos robó y no les queda otra que airear sus vergüenzas delante de un país que un mal día comió de la mano del yayo. Ver para creer.

La primera en lanzarse al prime-time fue Carmencita. La niña bonita de don Claudio participó en un concurso de baile en el que hizo de todo menos bailar. Aun así, la audiencia, que siempre tiene razón, supo perdonar los pisotones y arritmias heredadas de los excesos folclóricos de El Pardo.

Ahora le toca pasar por caja al nietísimo, un bala perdida perdido en el pozo de la droga. En ¿Dónde estás corazón? -el abuelo lo cambió por un rosario- Jaime Martínez Bordiú reconoció que en el pasado había sido malo, muy malo, y que por culpa de su hermana Merry la volvió a liar hace nada. También reconoció que era un hombre violento por naturaleza -¿a quién saldrá?, pero que lo de la denuncia de malos tratos que en su día le puso la chavala fue una exageración.

El momentazo llegó cuando uno de los colaboradores del programa le hizo la pregunta del millón: "¿Y si Franco levantara la cabeza?". Jaime, que ya se la sabía, sonrió nostálgico y dijo: "Me mandaría el primero a picar piedras a El Rif". El público, que también esperaba esa respuesta, comenzó a aplaudir, aunque no quedó claro si fue porque eso, lo de picar piedra, es lo que merecen los yonquis; porque el chico confirmaba la fama de hombre justo que siempre tuvo el ferrolano; o simplemente porque el regidor mostró el cartel que pone "Aplausos".

sábado, 12 de julio de 2008

La corbata

El día en que la corbata deje de ser obligatoria me compraré una. Mientras tanto, seguiré pasando por un tipo irrespetuoso, poco serio y nada elegante; defectos estos que se le suponen al descorbatado.

Esta prenda, que es al protocolo lo que la careta, al disfraz, se usa para pasar desapercibido en este baile de máscaras de a diario que llamamos "la sociedad". Es lo mismo que en la selva. Allí, el que quiere mimetizarse con el entorno se hace un sombrero de ramitas. Aquí, en la selva de asfalto, se pone uno la corbata y a correr. Precisamente, como va muy bien para el camuflaje, se estila una barbaridad entre los ladrones de guante blanco, siendo lo del guante una metáfora de la corbata. Por ejemplo, Roldán usaba corbata, y Mariano Rubio, y Mario Conde, y los Albertos, y Berlusconi, y... Esto que digo no quiere decir que los encorbatados sean unos delincuentes, ni mucho menos; pero es muy cierto que el ladrón fino, o sea, el que te la clava mirándote a los ojos, lo primero que hace es comprarse un traje con corbata a juego.
Les cuento una anécdota familiar: A mi padre no le gustaba llevar corbata, pero mucho menos saltarse el protocolo, así que cuando la ocasión lo exigía, se la ponía y punto. Aunque le resultaba incómoda, estaba de acuerdo con "la sociedad" en que daba un aire de seriedad y respetabilidad a su portador. En resumen, que su uso suponía un plus de fiabilidad. Un mal día le alquiló un piso a un tipo que resultó ser un chorizo. Cuando se largó dejando a deber no sé cuántas mensualidades, le pregunté a mi padre cómo es que había hecho tratos con semejante caradura. "Porque me pareció de fiar, como iba de traje y corbata", me respondió mientras masticaba la moraleja: El hábito no hace al monje. A partir de aquel día, mi padre, que era un hombre confiado, dejó de desconfiar de quienes, como su hijo, prescinden de la corbata.
Otra anécdota: Cuando Evo Morales despachó con el rey vistiendo un jersey típico boliviano, muchos defensores de las buenas maneras pusieron el grito en el cielo, tachando al presidente andino de "maleducado" y pasando por alto que este señor tampoco se puso corbata en su propia ceremonia de investidura, a la que, por cierto, acudió nuestro encorbatado príncipe sin que ningún columnista de aquel país le afeara la ausencia del jersey. Tanta hipocresía tiene que ver, cómo no, con el tanto tienes, tanto vales. Si usted representa a un país pobre, muéstrenos un poco de respeto y lámanos el culo con corbata. En cambio, si por ejemplo viene en nombre de Arabia Saudí, tenga usted estas Ray Ban de repuesto y ahí van unas corbatas de seda para el baile de disfraces del harem, que en España sabemos respetar las costumbres del poderoso caballero.
(Artículo publicado en El Adelanto de Salamanca)

sábado, 5 de julio de 2008

La señora de la colonia Chispas


La Obregón es un libro abierto con las páginas en blanco, una adolescente con más pájaros en la cabeza que el coto de Doñana, una cincuentona en la edad del pavo. Todo esto, que ya lo veníamos sospechando, lo confirmó Ana al desnudo el jueves por la noche en Antena 3.

¿Han leído el Proyecto Sombra de Juanjo Millás en El País? Pues lo de Anita es lo mismo, pero sin Millás. Ella se lo guisa y ella se lo come, se basta y se sobra. Le cuenta a una cámara sus cosas mientras habla por el móvil con su familia o está en la peluquería. Ahí, por ejemplo, justo cuando le peinan el flequillo, se le ocurre el título del libro que está escribiendo. Se llamará Cómo enamorar a cualquier hombre. ¿Consejos vendo y para mí no tengo?

En fin, que la dejan sola, se hace el harakiri y no se da cuenta, la tía. Bien al contrario, parece súper encantada de poder explicarse sin vecindonas que retuerzan sus palabras con preguntas trampa. Anita dice que los profesionales del cotilleo son lo peor, aunque reconoce su extraordinaria habilidad para enterarse de todo: "Yo le diría al gobierno que los contrate para encontrar a ETA". El vídeo termina con la protagonista mirándose al espejo, poniendo caras y diciendo "¡Ana, Anita, Anusqui!".
Este final de colonia Chispas resume que ni Millás quién es esta chica, por qué no encuentra trabajo y qué es lo que pasa cuando pasan los años como "hojas de libros sin leer", que escribe Caballero Bonald en la canción de Sabina. Anita se quedó en los quince, en aquel trastero del anuncio de la colonia citada, pero no fue un accidente; ella misma cerró por dentro y se tragó la llave. Y ahí seguirá, encerrada con su espejito mentiroso, hasta que venga la guadaña a cortarle el móvil.
(Publicado en El Adelanto de Salamanca)

jueves, 3 de julio de 2008

Las moscas


La prensa de verano suple la falta de chicha informativa con michelines de temporada, o sea, ceba el breve de enero para que cuele por apertura estival. Esto pasa porque no pasa nada, porque la gente importante (que casi nunca es la que importa) o no se pone al teléfono o te pide que vuelvas a llamar en septiembre.

Si este vacío de titulares obliga a los diarios a exprimir naderías, a encontrar oasis en el desierto, a contar echándole cuento; imaginen el papelón del columnista, que oficia de carroñero rebañando lo que queda entre los dientes o colmillos de la prensa. ¿Cómo sacar punta a la voz del mudo? ¿Cómo interesar al desinterés? Este páramo de paluegos (palabro utilizado por los de la Hora Chanante para definir los restos de comida olvidados en las muelas del camino) no te mete el miedo al folio en blanco (juntar palabras es fácil, lo chungo es lograr que se lleven bien), pero sí la urgencia de terminar cuanto antes, de llegar a la última línea como sea para poder irte a casa que mañana será otro día. Me refiero a que en días como hoy te sientes como un enterrador: sabes que cuanto más rápido cavas más te alejas de la muerte. Se trata de vestir al sujeto con verbo y predicado sin pararse a combinar colores y estilos, de comer sin ganas, de reír el chiste aunque no tenga ni puta gracia, de decir cuando prefieres callar porque no tienes nada que decir.

Estos días de julio y agosto son de poco de discurrir y mucho de hibernar a la orilla del ventilador, de la cerveza helada y de las moscas, que molestan pero sobre todo distraen que es una maravilla. Fíjese que todo el tiempo que usted emplea en maldecirlas se lo ahorra en pensar a ver cómo coño se libra de la hipoteca, de la suegra que se apunta a Benidorm, de este calor asqueroso, del trescientos y pico de colesterol, y del artículo del jueves.

Tendríamos que hacer algo para premiar la labor social las moscas, sobre todo de las cojoneras, siempre dispuestas a sacarnos de quicio con tal de alejarnos por un rato de la amargura, de costearnos un momento kit-kat. Podríamos dedicarles un poema, como hizo Antonio Machado: "Vosotras, las familiares / inevitables golosas, / vosotras, moscas vulgares / me evocáis todas las cosas. / ¡Oh, viejas moscas voraces, / como abejas en abril, / viejas moscas pertinaces / sobre mi calva infantil! / ¡Moscas del primer hastío / en el salón familiar, / las claras tardes de estío / en que yo empecé a soñar! / Y en la aborrecida escuela, / raudas moscas divertidas, / perseguidas / por amor de lo que vuela".

Benditas sean moscas, que llenan los huecos del verano y de los piños de la prensa.

(Artículo publicado en El Adelanto de Salamanca)

sábado, 21 de junio de 2008

La Sexta ya no es hija de Dios


Leer para creer. Resulta que Heineken ha retirado la publicidad del programa del Follonero después de que 30.000 católicos amenazaran con pasarse a Mahou. Este amago de boicot viene porque el humorista le regaló al Papa la guitarra del Chiquilicuatre, pidió la beatificación de Federico y no sé cuántas coñas más. Hasta aquí nada raro, porque cada vez que alguien hace chistes sobre la religión católica su gran familia monta la de Dios es Cristo. Lo que ya no imaginábamos es que soplaran tanto como para achantar a la cervecera. ¿Se imaginan al resto del personal -o sea, al ateo y al creyente que no se ofende por unas risas a costa de los misterios de la fe- le da por contraboicotear a Heineken? ¿Quién ganaría el pulso? Se admiten apuestas. O no, que igual apostar es pecado. Por cierto ¿Y beber sin moderación? ¿Y ver la Sexta? ¿Y votar a Gallardón? Uf, cuántas preguntas sin respuesta, cuántas dudras sin despejar.

Lo mejor sería que Rouco y sus soldados prepararan dos listas, una con lo que sí y otra con lo que no. Por ejemplo, en el debe estaría la prohibición de presentar denuncia si te insulta Losantos, y en el haber la obligación de querellarse contra el Follonero. Y así con todo. Se trataría de evitar que alguien se equivoque y se encuentre viendo Salvados por la Iglesia con una sonrisa en la boca o consumiendo cualquier otra diablura y de pronto le de por pensar un poco o un mucho y luego por dudar y después por preguntarse por esto y por aquello y por lo de más allá y finalmente llegue a la conclusión de que todo es mentira, de que Dios no existe.

Vamos, se trataría de evitar justo lo que le pasó a Teresa de Calcuta al final de su vida. Y eso que ella no veía la tele ni le daba al jarro. Que sepamos.

jueves, 19 de junio de 2008

Reflexiones de Espinete


(Artículo publicado el 19 de junio de 2008 en El Adelanto de Salamanca)

¿Se imaginan a un preso de Guantánamo poniendo el grito en el cielo porque un juez no admite la prostesta del abogado que interpreta Tom Cruise en Algunos hombres buenos, o a un niño hambriento pataleando porque a Daniel el travieso le castigan sin postre? Nosotros tampoco. Por eso flipamos al ver a periodistas partirse la boca en defensa de Jiménez Losantos cuando comen sapo casi a diario, escriben para el de asuntos internos y se hay que echarle huevos llame usted a José Tomás.

Los periodistas pueden pensar lo que dicen, pero solo cuatro o cinco pueden decir lo que piensan. Uno de ellos, suerte que tiene, es el presentador de La mañana de la COPE. Ojalá estuvieran todos en tan privilegiado club, pero la realidad, maldita sea, es un plato de lentejas. Por eso no entendemos a qué viene esta procesión de beatas llorando por un Dios de las ondas al que nadie ha crucificado (todavía, pero todo se andará).

Si la libertad de expresión consiste en decir sin pedir permiso y el propio Federico presume de que hasta el momento ningún obispo le ha regalado un bozal, ¿qué coño significa eso de que la profesión está en peligro porque la sentencia es un atentado contra la libertad de expresión? Una de dos: o los coleguitas se explican mal (lo que confirmaría nuestra sospecha de que en la facultad de Periodismo solo te enseñan las cinco W, una por año) o se dejan engatusar con argumentos de Barrio Sésamo.

Pongámonos en lo peor, en las reflexiones de Espinete. Si lo que reclaman es que los periodistas pueden decir lo que les venga en gana sin que ningún Gallardón les tosa, que se pare el mundo que nos bajamos. La libertad de expresión no puede nunca anular el derecho del aludido a presentar denuncia si se considera insultado o difamado o las dos cosas, porque si esto pasara el honor y la verdad valdrían lo mismo que la burla y la mentira.

A versi ahora solo van a poder querellarse Anita Obregón y la Pantoja, ¿o ellas tampoco? Para aclarar las muchas dudas que nos asaltan y evitar, de paso, sofocos, blasfemias y pago de minutas sin motivo en estos tiempos de crisis, rogamos encarecidamente al recién creado y sin embargo ya prestigioso club de los defensores a ultranza de la libertad de expresión que por favor haga pública una lista con las personas que sí tienen derecho al pataleo y otra con aquellas a las que no les queda más remedio que joderse porque les va en el sueldo.

Por cierto, otra cosita. ¿Para cuándo una campaña por la cláusula de conciencia? ¿O es que esta señora no precisa un cable? Qué mundo.

miércoles, 18 de junio de 2008

Beeeeeeee!


Después de todo, todo ha sido nada
porque Arísteguis, Rocas y Esperanzas
quisieron todo y no arriesgaron nada.
Faltan Quijotes, sobran Sancho Panzas.

De qué vale ladrar si nadie muerde,
cómo matar con balas de fogueo,
qué guerra es esta en la que nadie pierde
y al cabo Mariano no es tan feo.

La oveja negra muere en el rebaño,
la sopa boba está de enhorabuena,
la valentía corre para atrás.

Aunque la nueva dieta me hace daño
no me resigno a quedarme sin cena.
¿Los huevos? Yo no soy José Tomás.

miércoles, 11 de junio de 2008

Motivos


Hay quien empuja y quien se ve arrastrado,
hay quien madruga y hay despertadores,
pagos a plazos, cobros al contado,
hay ovejitas y hay depredadores.

Unos se queman, otros hacen fuego;
unos tan alto, otros, escaleras;
unos ahora, otros hasta luego;
muchos inviernos, pocas primaveras.

Mientras unos disparen y otros caven,
mientras su tren no pare en mi estación,
mientras el paria muera a fin de mes,

y mientras tanto tienen tanto valen
seguiremos cantando esta canción
en esonosedice.es