
Leer para creer. Resulta que Heineken ha retirado la publicidad del programa del Follonero después de que 30.000 católicos amenazaran con pasarse a Mahou. Este amago de boicot viene porque el humorista le regaló al Papa la guitarra del Chiquilicuatre, pidió la beatificación de Federico y no sé cuántas coñas más. Hasta aquí nada raro, porque cada vez que alguien hace chistes sobre la religión católica su gran familia monta la de Dios es Cristo. Lo que ya no imaginábamos es que soplaran tanto como para achantar a la cervecera. ¿Se imaginan al resto del personal -o sea, al ateo y al creyente que no se ofende por unas risas a costa de los misterios de la fe- le da por contraboicotear a Heineken? ¿Quién ganaría el pulso? Se admiten apuestas. O no, que igual apostar es pecado. Por cierto ¿Y beber sin moderación? ¿Y ver la Sexta? ¿Y votar a Gallardón? Uf, cuántas preguntas sin respuesta, cuántas dudras sin despejar.
Lo mejor sería que Rouco y sus soldados prepararan dos listas, una con lo que sí y otra con lo que no. Por ejemplo, en el debe estaría la prohibición de presentar denuncia si te insulta Losantos, y en el haber la obligación de querellarse contra el Follonero. Y así con todo. Se trataría de evitar que alguien se equivoque y se encuentre viendo Salvados por la Iglesia con una sonrisa en la boca o consumiendo cualquier otra diablura y de pronto le de por pensar un poco o un mucho y luego por dudar y después por preguntarse por esto y por aquello y por lo de más allá y finalmente llegue a la conclusión de que todo es mentira, de que Dios no existe.
Vamos, se trataría de evitar justo lo que le pasó a Teresa de Calcuta al final de su vida. Y eso que ella no veía la tele ni le daba al jarro. Que sepamos.


