Queremos jugar la Champions, pero no rascamos bola; que Las Ventas nos saque a hombros sin dar un pase; que la chica nos diga que sí porque sí, porque esto es jauja y nosotros su cara bonita. Pedimos y pedimos y volvemos a pedir como esos niños repelentes que no callan la boca hasta que les dan el capricho o la bofetada. Y como el horno no está para bollos, nos van poniendo el culo colorao. Bien está que el espejo no te devuelva a Pozí, pero tampoco es sano admirar a Clooney. Somos lo que comemos, y comemos de menú. Ajo y agua.
En la bella Salamanca los datos no cantan por alegrías, sino por soleas con quejíos de carteras con claros síntomas de desnutrición: Casi el sesenta por ciento de nosotros quisiera ser mileurista, lo que significa dos cosas: que no llegamos a fin de mes o llegamos con oxígeno, y que adónde coño vamos con el AVE si no tenemos con qué pagar el billete. Si la ida y vuelta a Madrí cuesta hoy treinta euros, ¿A cuánto creen que saldrá el viaje en el pájaro? ¿Quién se va a rascar el bolsillo si no hay nada que rascar? Los casi mileuristas va a ser que no. Se siente. Tocará seguir subiendo a los trenes con y del retraso mientras dos o tres paisanos van y vienen puntuales por los carriles de la abundancia.
Salamanca sin blanca ¿quién te mantiene? Porque si son, como dice mi vecino de aquí al lado, los cuatro perritos sin alma que van y vienen por la cuerda floja de una economía que no se deja domesticar, mejor será aparcar el AVE en el nido o directamente cortarle las alas para coserlas a un futuro que van cayendo en picado. Necesitamos que nos echen un cable, no una soga al cuello. Buscamos trabajo, pero no a cualquier precio. Urge que los que pinchan y cortan el bacalao de pocilga se inventen una escalera para sacarnos del agujero en que nos han metido. No queremos que nos lloren, que las plañideras hacen caja en los velorios y, aunque medio muertos, todavía coleamos.
Tampoco somos tontos. No puede ser que las madrileñas pasen de largo si, como nos cuentan, la tenemos tan larga. ¿No sería mejor que nos digan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? O sea, que como mucho resultones, que si ganamos una etapa nos damos con un canto en los dientes y que es preferible llegar a la esquina que quedarse a medio camino de ninguna parte. Repetimos: somos lo que comemos, y comemos de menú. Y si seguimos mirando la carta del quiero y no puedo se nos va a enfriar la sopa.
1 comentario:
Y qué razón tienes
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