domingo, 13 de julio de 2008

Otro Franco en el confesionario


Cuando el funeralísimo dijo aquello de "dejarlo todo atado y bien atado" no se refería al futuro de España, que era el medio; hablaba de su familia, que era el fin. Ahora, pasados treinta años, algunos de los nietísimos se han pulido la herencia que el abuelo nos robó y no les queda otra que airear sus vergüenzas delante de un país que un mal día comió de la mano del yayo. Ver para creer.

La primera en lanzarse al prime-time fue Carmencita. La niña bonita de don Claudio participó en un concurso de baile en el que hizo de todo menos bailar. Aun así, la audiencia, que siempre tiene razón, supo perdonar los pisotones y arritmias heredadas de los excesos folclóricos de El Pardo.

Ahora le toca pasar por caja al nietísimo, un bala perdida perdido en el pozo de la droga. En ¿Dónde estás corazón? -el abuelo lo cambió por un rosario- Jaime Martínez Bordiú reconoció que en el pasado había sido malo, muy malo, y que por culpa de su hermana Merry la volvió a liar hace nada. También reconoció que era un hombre violento por naturaleza -¿a quién saldrá?, pero que lo de la denuncia de malos tratos que en su día le puso la chavala fue una exageración.

El momentazo llegó cuando uno de los colaboradores del programa le hizo la pregunta del millón: "¿Y si Franco levantara la cabeza?". Jaime, que ya se la sabía, sonrió nostálgico y dijo: "Me mandaría el primero a picar piedras a El Rif". El público, que también esperaba esa respuesta, comenzó a aplaudir, aunque no quedó claro si fue porque eso, lo de picar piedra, es lo que merecen los yonquis; porque el chico confirmaba la fama de hombre justo que siempre tuvo el ferrolano; o simplemente porque el regidor mostró el cartel que pone "Aplausos".