lunes, 28 de julio de 2008

La Milá contra los malos


Hacer periodismo con una cámara oculta es como echar un polvo a través del chat: no tiene mérito. Sin embargo, cuando hay dinerito en juego, ya le pueden ir dando al mérito. Como hacen negocio, las parrillas apuestan por vendernos programas policiacos, de esos con redactores que se infiltran en la boca del lobo con un micro metido en el culo. Se trata de tirar de la lengua a los malos hasta que canten sus pecados.
Uno de estos programas es el que presenta los jueves por la noche Mercedes Milá, una supergirl que cuando no anda salvando el mundo se disfraza de tía enrollada del Gran Hermano. En el último capítulo de Diario de, una redactora se hace pasar por una adolescente de 13 años para, a través del chat, encontrarse en el banco de un parque con un pederasta que trata de llevársela al huerto. A pocos metros, en una de esas furgonetas de vigilancia modelo Equipo A, nuestra intrépida heroína escucha la conversación y observa las imágenes de la cámara oculta. De pronto, cuando el señor le dice a la niña que sí, que quiere acostarse con ella aunque sea menor, "porque soy un inconsciente", la Milá pone fin a la operación, sale de la furgo hecha un basilisco y se planta con un cámara delante del banco donde el cazador cazado charla con la presa: Allí, vestida de agente del FBI de incógnito y con los brazos en jarra, le riñe: "Tú qué, te parecerá bonito, no, con una niña de trece años. ¿No te da vergüenza?" y en ese plan. El tipejo se queda callado, como diciendo: "qué marrón, qué marrón" (no sabe que los espectadores no le vamos a ver la cara). Después se levanta y se va. Fin del programa.
Conclusiones: El pederasta se va con los huevos de corbata, pero con los huevos, o sea, que volverá a las andadas. La redactora pasa por púber, así que ya la están contratando para la próxima operación Nancy. Y lo más importante, Mercedes Milá vuelve a demostrar que si usted tiene algún problema, quizá pueda contratarla.

1 comentario:

José Ángel Sanz dijo...

Dicen los viejos del lugar que esta tipa, alguna vez, fue una periodista de verdad. Hoy se considera tan protagonista de la noticia, que no le importa irrumpir en ella. Y de todos modos, eso que se ha dado en llamar 'telerealidad' es quizá el género más perverso. Por aquello de que es juzgar con el zoom puesto, sin perspectiva ni reflexión.

Un abrazo