jueves, 29 de enero de 2009

Lío, lío que yo no he sido


Si te tiras un pedo en un ascensor tienes dos posibilidades: reconocer tu culpa o apuntar con el dedo y lío, lío que yo no he sido. El último ejemplo de la segunda opción, la de salirse por la tangente, lo tenemos en el caso del presunto espionaje al vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, por orden del consejero de Interior, Francisco Granados. Aunque la señora Aguirre no se cansa de repetir que en su gabinete no se espía, la documentación publicada por El País dice justo lo contrario. Y como jurar que no huele no basta para que desaparezca el tufo, Esperanza contraataca con la estrategia del y tú más, que es la que viene siguiendo cada vez que se le escapa un aire. Por eso el martes apareció otra información, en otro periódico, que aseguraba que Álvaro Lapuerta, ex tesorero del Partido Popular y hombre próximo a Rajoy, había manejado dosieres secretos sobre altos cargos de la Comunidad de Madrid. A las pocas horas, qué casualidad, la propia presidenta ratificaba la noticia: “En el año 2006, a mí me llamó el presidente del partido, Mariano Rajoy, para decirme que el tesorero tenía unos dosieres de los señores González y Granados. Inmediatamente, yo pedí a los señores González y Granados que hablaran con el tesorero y que aclararan cualquier asunto que pudiera poner en duda su honorabilidad. Se demostró que todo ello era falso y calumnioso”. Por si esto no fuera suficiente, ese mismo día (más casualidades) el mismo periódico publicaba que el Ayuntamiento de Madrid tiene una unidad parapolicial. Al respecto, la presidenta advertía que “el alcalde tendrá que aclarar esa cuestión”. Ergo, ¿no querías hablar de espionaje? ¡Toma tres tazas!

Decimos que con estas exclusivas del tipo y tú más, y sus correspondientes declaraciones, Aguirre y sus amigos pretenden dos cosas: a) que se pare la investigación interna que anda haciendo Dolores de Cospedal, porque si unos y otros tiran de la manta al final se van a quedar todos en pelotas; y b) que la opinión pública piense lo que ya ella se ha encargado de pensar en alto: “Me siento una víctima. Políticamente van contra mí”. Su primer objetivo es factible, porque aunque en estos momentos el vestuario el Partido Popular es una jaula de grillos, un nido de víboras, una leonera donde unos revuelven lo que otros intentan ordenar, nadie está dispuesto a morir por la causa. El segundo, el de que usted, amable lector, se trague ese discurso de ay, ay, ay, con lo buena que soy y qué poco me quieren, parece bastante más complicado, bien porque usted no es tonto, bien porque aunque lo fuera, dos y dos son cuatro y si sangras después de oír un tiro eso es que te han dado.

La información que publica El País, con fotografías de los espiados y partes de seguimiento de los espías, parece cualquier cosa menos un montaje. Sin embargo, las otras informaciones del otro periódico… parecen cualquier cosa. Es como si el responsable del pedo que contábamos al principio, justo después de haber sido desenmascarado, va y dice “puff, ¡menuda peste! ¿Y ahora quién ha sido?” cuando no huele a nada. Pues eso, que hay que ser muy tonto.

jueves, 22 de enero de 2009

El rey Baltasar


El mundo espera a Obama como los niños aguardan la llegada de los reyes magos: con urgencia e ilusión. Vale que el ya nuevo presidente de los Estados Unidos sea el rey Baltasar, pero habrá que ver si también es mago, porque para sacarnos del agujero va a necesitar algo más que una escalera.

Por lo que ha dicho en el discurso inaugural, parece claro que quiere cambiar su país, y a tenor de los resultados electorales, parece que su país quiere que lo cambien, pero para eso precisa algo más que un paquete de medidas anticrisis y una mayoría. Para eso necesita darle al pobre lo que es del rico y al César lo que es de Dios. O sea, la revolución. Y eso, en un país donde casi la mitad de la población está a favor del capitalismo y en contra de la teoría de la evolución, se antoja muy difícil o imposible. Pero aún así, y tal vez por eso el optimismo de estos días, Obama dice que yes, we can, que el pueblo americano no es su espejo, sino el cuadro del salón; que se parece más a Kennedy que a Bush; que esperanza es algo más que “lo primero que piensas después de caerte en un agujero”, y que ahí está él, tan negro, para demostrarlo.

Lo que es indudable es que el nuevo jefe del mundo se deja tutear, y eso ya es algo; que ha sacado los pies de encima del mapamundi, y eso ya es bastante; y que hasta está dispuesto a hablar con sus enemigos: “que sepan que están en el lado equivocado de la historia, pero que les extendemos nuestra mano si quieren abrir el puño”, y eso ya es la leche. Desde luego, que su primera medida haya sido suspender los juicios en Guantánamo dice mucho de este tipo, o mejor dicho, dice muy poco de Bush y de la tropa de neocón que le ha seguido durante estos años, y no porque fuera el más listo, sino porque era el que tenía la pistola más grande. Y tal vez ahí esté el problema. Me refiero a que si te pasas tres días comiendo pan duro y al cuarto te dan una barra recién hecha, pues te sabe a gloria, pero si te dan chuletón te vuelves loco. Dicho de otro modo: en un tris nos han sacado del lado oscuro para meternos en la cama de Skywalker, y eso hace que miremos a Dulcinea con los ojos de don Quijote.

De acuerdo que Obama es Jordan, pero Michael necesitó unos cuantos años para ganar y Barak no tiene ni los cien días de cortesía, así que el reto es enorme, gigantesco. Veremos que pasa, porque el mundo está a la deriva y se acaban las provisiones. En este punto, lo que impulsa a la gente a remar en lugar de a dejarse morir es un gran capitán, al que crean capaz de encontrar una fresa en medio del océano. A eso se le llama esperanza y de eso habla su mensaje, que viene a ser este: El camino va a ser duro y va a ser largo, pero yo tengo un mapa y vosotros, las manos para desenterrar el tesoro.

Decimos que a Obama se le espera como las putas de Sin Perdón aguardaban a William Munny: con la esperanza de que haga justicia y termine para siempre con la triste realidad, tan bien definida en uno de los diálogos de El bueno, el feo y el malo: “El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revolver cargado y los que cavan, y tu cavas”. Desármalos y desentiérranos, please. You can.

domingo, 18 de enero de 2009

El adverbio gris

Nos gusta el gris. El blanco, aún siendo un buenazo, peca de pusilánime: es incapaz de apretar el gatillo para salvar la vida. Y el negro, a pesar de ser el que se tira a la reina del baile, es un cabrón, mala gente, y eso, si tienes conciencia, es un problema. Por eso nos va bien el gris, porque no huye del espejo, porque solo dispara en defensa propia.
Sin embargo, hay veces que los caminos del destino, de la vida, o llámenlos equis, nos ponen en una encrucijada de únicamente dos soluciones, y no mojarse nos lleva a ninguna parte. Y ahí, en el limbo, a mitad de camino, en ese punto donde no estás vivo pero tampoco estás muerto, donde no hace frío ni calor, justo en la puerta, sin saber si tomar otra copa o irse a casa, es donde se ha quedado La Unión de Ateos y Librepensadores de Cataluña.
Su campaña publicitaria en los autobuses, además de ser poco original –es una copia exacta de la que hicieron sus colegas ingleses- se queda corta. Dicen en su anuncio que “probablemente Dios no existe” y se quedan tan anchos con su adverbio gris, con su medianía, con su casi seguro que sí, pero igual no ¿Cómo que probablemente? ¿Es que no lo tienen claro? ¿Se puede ser probablemente ateo? ¿Y probablemente creyente? ¿Y probablemente rubio? ¿Y probablemente miope? Según la RAE, no. La academia define al ateo como al“que niega la existencia de Dios”. Así, sin más, sin dudas de última hora ni salidas de emergencia. Entonces, como para el ateo no hay mus, pensamos que la asociación ha utilizado el adverbio por lo mismo que otros usan el papel de fumar para cogérsela: por miedo a mojarse. ¿Se imaginan a un cardenal o a un ayatolá afirmando que probablemente Dios existe? Pues esto es lo mismo. No se puede ir disparando y pidiendo perdón, porque para que alguien gane, alguien tiene que perder.
Si los miembros (y miembras) de esta asociación están convencidos de que el más allá es un cuento chino, que lo griten alto y claro, así se infarten las sotanas. Pero si piensan que hay una posibilidad, por remota que sea, de que Dios esté ahí arriba velando por nosotros, en plan vigilante de la playa, que dejen de tirar el dinero y regresen a casa, porque lo único que logran con sus mensajitos tan bien educados es entorpecer la ofensiva ateísta, yeyé y titiritera de los que creen en cualquier cosa menos en milagros, de los que sostienen que la religión es solo una excusa para llevarte al huerto, que Cristo es un invento de la Metro-Goldwyn-Mayer, y que a estas alturas ni Dios cree en Dios.
Eso sí, la Iglesia, como empresa, chapó. Por eso llevan dos mil años liderando el mercado. Y es normal, porque el producto es cojonudo. ¿Qué vale un cochazo o un apartamento en Torrevieja al lado de la vida eterna? Pues eso. Y lo mejor es que ningún cliente vuelve a reclamar, lo que ya es el colmo del negocio redondo. De hecho, son tan buenos, que su obra, en lugar de ser la maría del cole, tendría que valer treinta créditos en Dirección y Administración de Empresas.
Lo malo es que últimamente el personal viene pasando bastante del más allá y prefiere invertir en el más acá, con la sangría que eso le supone a las tan necesitadas arcas de la Iglesia. Por eso, porque cada vez hay menos cándidos dispuestos a dejarse sangrar, urge cambiar la estrategia de márquetin: Antes íbamos de salvadores, vayamos ahora de víctimas.