jueves, 19 de junio de 2008

Reflexiones de Espinete


(Artículo publicado el 19 de junio de 2008 en El Adelanto de Salamanca)

¿Se imaginan a un preso de Guantánamo poniendo el grito en el cielo porque un juez no admite la prostesta del abogado que interpreta Tom Cruise en Algunos hombres buenos, o a un niño hambriento pataleando porque a Daniel el travieso le castigan sin postre? Nosotros tampoco. Por eso flipamos al ver a periodistas partirse la boca en defensa de Jiménez Losantos cuando comen sapo casi a diario, escriben para el de asuntos internos y se hay que echarle huevos llame usted a José Tomás.

Los periodistas pueden pensar lo que dicen, pero solo cuatro o cinco pueden decir lo que piensan. Uno de ellos, suerte que tiene, es el presentador de La mañana de la COPE. Ojalá estuvieran todos en tan privilegiado club, pero la realidad, maldita sea, es un plato de lentejas. Por eso no entendemos a qué viene esta procesión de beatas llorando por un Dios de las ondas al que nadie ha crucificado (todavía, pero todo se andará).

Si la libertad de expresión consiste en decir sin pedir permiso y el propio Federico presume de que hasta el momento ningún obispo le ha regalado un bozal, ¿qué coño significa eso de que la profesión está en peligro porque la sentencia es un atentado contra la libertad de expresión? Una de dos: o los coleguitas se explican mal (lo que confirmaría nuestra sospecha de que en la facultad de Periodismo solo te enseñan las cinco W, una por año) o se dejan engatusar con argumentos de Barrio Sésamo.

Pongámonos en lo peor, en las reflexiones de Espinete. Si lo que reclaman es que los periodistas pueden decir lo que les venga en gana sin que ningún Gallardón les tosa, que se pare el mundo que nos bajamos. La libertad de expresión no puede nunca anular el derecho del aludido a presentar denuncia si se considera insultado o difamado o las dos cosas, porque si esto pasara el honor y la verdad valdrían lo mismo que la burla y la mentira.

A versi ahora solo van a poder querellarse Anita Obregón y la Pantoja, ¿o ellas tampoco? Para aclarar las muchas dudas que nos asaltan y evitar, de paso, sofocos, blasfemias y pago de minutas sin motivo en estos tiempos de crisis, rogamos encarecidamente al recién creado y sin embargo ya prestigioso club de los defensores a ultranza de la libertad de expresión que por favor haga pública una lista con las personas que sí tienen derecho al pataleo y otra con aquellas a las que no les queda más remedio que joderse porque les va en el sueldo.

Por cierto, otra cosita. ¿Para cuándo una campaña por la cláusula de conciencia? ¿O es que esta señora no precisa un cable? Qué mundo.

1 comentario:

José Ángel Sanz dijo...

De acuerdo contigo en todo. Mal vamos si es el código penal el marco en el que se mueven muchos, en lugar de la decencia, el honor y la veracidad, y si la libertad de opinión es un ariete con el que machetearnos unos a otros.

Va el abrazo