viernes, 29 de agosto de 2008

Pasando olímpicamente

Cuanto más grande es la casa, más fácil resulta esconder la mierda. ¿Qué viene una visita? Se limpia el ala oeste y punto. Si el invitado se siente cómodo, poco le importa qué hay detrás de la puerta. Esto es lo que ha pasado en los Juegos Olímpicos de Pekín. China barrió su capital de miserias, peros y esclavos, dejando una patena a gusto del consumidor que, como decimos, no tiene vocación de Míster Propper. El resultado final vale para que la villa olímpica gane su quinta estrella y para que la dictadura se legitime: si el sistema funciona, para qué cambiarlo.
El negocio es el negocio, dijo el dinero. Las multinacionales sonríen y las teles hacen su agosto. Dos y dos son cuatro, ergo, el COI duerme tranquilo. Qué necesidad hay de inquietar el descanso eterno de Mao con hambrunas, campos de concentración y presos políticos. Los Juegos han sido un éxito porque nadie ha querido mirar debajo de la alfombra, porque nadie hecho preguntas molestas, ni siquiera los deportistas, que son los únicos que tienen o debieran tener libertad de expresión. Por si acaso, en Barajas, el COE les puso un bozal: ustedes a trabajar, que para eso les pagan.
Hoy Pekín es otra, su contraria, sin maquillaje, sin carteles de Wellcome ni vuelva usted mañana. Miserias, peros y esclavos regresan a sus calles de nuevo sucias, cambiando el paisaje de la foto. Pero eso da igual. Solo importa la instantánea olímpica, que ha salido para enmarcar. La otra, esta, no es apta para el consumo.
Hay quien dice que con Franco fue feliz. Que sí, que igual o seguramente hubo quien que lo pasó mal por sus ideas, pero que él no vio nada raro, que en su barrio la gente sonreía y todo era normal. O sea, ojos que no ven, corazón que no siente. Vivir sin mirar por la ventana. Lo mismito que en Pekín. Y gracias a que nos desvivimos por nuestro ombligo, mañana, los nietos de este olimpismo de cartón piedra, que pasa olímpicamente de cualquier cosa que huela a decente, oirán admirados las historias de Bolt y de Phelps, pero nadie les contará qué pasaba detrás de aquella puerta de la que colgaba el cartel de "Prohibido el paso". Y no escucharán esa historia porque nadie quiso saber la verdad; porque a nadie le interesa; porque la verdad, como la lluvia de agosto, además de mojar, jode.
Decimos que cuando se va de invitado, lo único importante es que las toallas estén limpias. Si antes fueron utilizadas para asfixiar a Bambi o a la opinión pública, eso ya no es asunto nuestro. ¿Están limpias, no? Pues entonces, ¿qué se dice?

domingo, 24 de agosto de 2008

La escopeta nacional

Los papás ya pueden dormir tranquilos y las niñas de Velázquez descruzar las piernas. Alessandro Lequio se casa. La condesa elegida es una periodista del corazón (Dios los cría y ellos se juntan) que se enamoró hasta las trancas el día en que la tranca o trancón del conde se hizo portada. Si cualquier boda es un negocio, está es un pelotazo, porque cobrarán las exclusivas por los dos lados: Uno por decir y la otra por decir que dice. O sea, el gabinete de prensa de don Juan Palomo: Yo me lo guiso, yo me lo como.
Decimos lo del chollo, pero aquí la noticia está en la retirada (difícilmente definitiva) del que ha sido uno de los grandes matadores del ruedo ibérico. Desde que cogió piso en los madriles no ha parado de cuajar faenas inolvidables en las plazas de primera categoría. Incluso cuentan que puso un par de banderillas en la Casa de Alba. Sin embargo, de todas sus tardes de gloria, nos quedamos con la faena que le hizo a Mar Flores en el coso de Fefé. Si levantarle la novia a cualquiera ya es una cosa de mucho mérito, calculen colarse en la cama de uno de los dueños de España y salir por la puerta grande. Por eso nos gusta Lequio, porque es capaz de jugarse los machos si la jaca lo vale. ¿Que hay que saltar de un sexto? Se salta. ¿Que ese falda esconde una piraña? A mí la legión.
Y ahora que la bandera italiana ondea en las alcobas del couché, que su escopeta nacional hizo blanco en todas las dianas, el penúltimo de los Casanovas se corta la coleta para descansar en los brazos de la tal María Palacios, una morenaza de agárrate que vienen curvas. Se repite así el cuento mil veces contado del italiano picha brava que, cansado de picar aquí y allá, termina por rendirse al beso de la española que cuando besa, besa de verdad. Que coman perdices.

lunes, 11 de agosto de 2008

Querencia al judo

Aunque en televisión cada minuto es el último minuto, estos días las competidoras de La Primera bajan los brazos porque saben que el partido está perdido. No pueden luchar contra esa querencia del espectador a lo que sea con tal de que sea olímpico. Así, el hockey-hierba, el pimpón, la hípica o el tiro con arco pasan del pasotismo generalizado al fervor popular. Ocurre lo mismo que con la Navidad: en agosto no come turrón ni Rita, pero llega diciembre y es un no parar.

Decimos que la pasión es mucha, sobre todo cuando le toca el turno a nuestro deporte nacional, o sea, el judo. Llegan las finales y hasta en la mesa se discute si la llave valía un ippon o un waza-ari. Y además en este caso, al contrario que en el fútbol, se habla con conocimiento de causa, ya que no hay familia española que no tenga, como poco, un cinturón naranja entre sus miembros.

Ayer vimos la ceremonia de apertura sin novedad. Mucha pirotecnia, mucha luz y mucho chino. Nos gustó como nos gustan todas, aunque luego no recordemos ninguna, salvo la nuestra, claro, porque el Peret rumbeando al mundo es una cosa mítica. Dicen que igual superamos las 22 medallas de Barcelona. Ojalá. Por poder, podemos ganar en todas las disciplinas menos en las tres que no participamos: béisbol, BMX -que es como ciclocross en pista- y, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡fútbol! Cágate lorito. Justo ahora que los mayores ganan la Eurocopa, los pequeños, que siempre habían ganado, no pasan el corte. En fin.

Nosotros, que pasamos del pasado, es decir, de la gloria triste de aquel cinturón naranja-verde, cambiamos todas de medallas por el oro de la ÑBA. Pasarle por encima a Kobe y compañía con un triple del gran Ricky sobre la bocina... ¿Se imaginan? Eso sí que sería inolvidable. Piénsenlo bien: ganar la final de judo mola, pero a los cuatro meses no se acuerda ni Rita, que por entonces ya estará poniéndose ciega a polvorones.

jueves, 7 de agosto de 2008

La vesícula o el ratoncito Pérez

Con el Archivo pasa lo mismo que con la vesícula: te da pena cuando te la quitan, pero como no sabes muy bien para qué está, pues enseguida a otra cosa, mariposa. También podría compararse con los dientes de leche: el primero que se cae es noticia, pero el último no le interesa ni al ratoncito Pérez.
La semana pasada se llevaron otras siete cajas de San Ambrosio y se dijo mú con la boca pequeña. La primera vez, en cambio, casi nos inmolamos para que nada se pierda. ¿Por qué antes tanto y ahora tan poco? Bueno, porque los legajos eran una excusa para la bronca, otra bala para disparar al grito de ¡Es la guerra, más madera! Nunca entendimos tanta pena ciudadana por unos papeles que ni habíamos leído, ni eran nuestros, ni sabíamos que estaban. Vamos, como la vesícula, que hasta que no te la quitan no la echas de menos. Y aun después, si un amigo les confesara que está pasando una depresión porque no sabe vivir sin vesícula, ¿les parecería serio? A nosotros tampoco.
El pueblo, o sea, Vicente, que tiene toda la soberanía, pero muy poca cabeza, se llega hasta la pancarta si allí va la gente. De hecho, ¿cuántas de las miles o millones de personas que acudieron a la manifestación por la unidad del Archivo fueron a defender la causa y cuántas cogieron coches, trenes y autobuses para darle en la nariz a ZP? Rajoy dice, y lleva razón, que los españoles pasan de estatutos y de alianzas de civilizaciones, que lo que les interesa es la cesta de la compra, la hipoteca y el fútbol. Entonces, si en aquel 11-J de hace tres años no daban pastas, ¿qué coño pintaba tanta camisa rasgada por la calle Gibraltar? Y ya puestos, ¿dónde se metió el rebaño la semana pasada? Porque es curioso: Ahora, que ni Pinito del Oro llega a fin de mes, no se manifiesta ni Dios. Antes, cuando el estado del bienestar no se saltaba una siesta, salíamos a la calle día sí, día también, para demostrar que lo importante no era el qué, sino el cuántos. El caso es que como Fuenteovejuna salió mal, parece que es tiempo de quedarse en casa, de calladito estás más guapo, y a portarse bien, no sea que el ratoncito Pérez pase de largo.
Visto lo visto (o mejor dicho, lo no visto) la semana pasada, parece que el Cristo montado alrededor del Archivo Histórico de Salamanca no le importaba ni al costalero. Y como el mucho teatro da como resultado más teatro, para echar el telón a la polémica de los legajos guerra inciviles va de coña la rima con la que cierra el programa de lucha libre el comentarista de Cuatro: "Aquí estoy porque he venido, / porque he venido aquí estoy. / Si no les gusta mi canto, / como he venido, me voy".

lunes, 4 de agosto de 2008

Cuando el mar es un plató

En Mallorca, la biodramina se pone por las nubes según llega el verano de vacaciones en el mar. Como el turismo rural peca de discreto y el de playa y sombrilla, de dominguero, no hay famoso sin yate, ni paparazzi sin zodiac disfrazada del barquito de Chanquete. Se lleva fardar en cubierta con el tanga de turno, bajar a comer al chiringuito de cinco tenedores y hacer la siesta o el amor en el camarote, al arrullo del Mediterráneo. Agosto es un mes para vivir en náuticos, sin pisar más tierra que el plató de algún programa para desmentir o no que esa celulitis no es lo que parece.
La fama cuesta y, como el amor, hay que regarla todos los días con algún escándalo más o menos escandaloso. Por eso los yates. Pasó la moda del lotazo en la arena, con portada de croquetas de jamón o pechuga. Ahora también importa el continente, o sea, el contexto de alto copete. Por eso las vecindonas quieren un beso de anuncio, un magreo con fondo de catálogo turístico. Así que si eres famoso y no te gusta el mar, te jodes y cambias el gin-tonic por la biodramina, y ajo y agua, sobre todo agua.
De este reciclaje acuático tampoco se libran los mirones con zoom. Metidos a hombre-rana, se pasan agosto con el agua al cuello para enfocar los pezones con que salir a flote. Antes, trabajaban en las dunas, entre parejas con prisas y onanistas tristes. Ahora, los tiburones curran entre medusas, cacas flotantes, colillas de Marlboro y manchas de gasoil.
La costa balear es el set de la tele de este agosto que llega pringado de protección solar, de pringados en busca de cubiertas libres, de polizones quemados de esperar el flash, de contertulios con bilis oculta en el pareo, y de esta España mirona que sigue comprando chismes mientras luce michelín de chiringuito y sueña, porqué no, con un chapuzón de alta mar, un vinito blanco, una paella a bordo y un tanga de aquí para allá que espante la chicharra y la realidad.