viernes, 5 de septiembre de 2008

Agosto tiene la culpa

Agosto desemboca en tragedia como el domingo desemboca en drama, por eso septiembre es el peor lunes del año. Llega de morros y con el ánimo a los pies tras la calma chicha de la vacación, que siempre precede al inicio de otra guerra. Así, el nuevo curso aterriza nublado, irremediable, apocalíptico, nasío pa matá. Los síntomas primeros lo dicen todo: crece la cola del paro, el divorcio, el colesterol, la hipoteca, el maltrato doméstico y el número de animales sin domesticar, el creacionismo en particular, la religión en general, el chance de McCain, la crisis o desaceleración acelerada, el telón de acero, la mecha guerra incivil… en definitiva, la mala hierba. Los que disparan tienen más balas y los que cavan, menos espacio en el cementerio.

Decimos que el mundo enfila su última recta con cara de lunes, penando su Historia de malos y buenos. Ahora sabemos que los buenos no lo eran tanto, pero el pasado no tiene remedio. Lo mismo que el futuro marchito que nos tatuamos a sangre y fuego. Vale que "nuestra vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir", pero a qué tanta prisa por desembocar. Por eso, porque no supimos estirar la primavera, pensemos cómo atrasar el invierno que viene, cómo engañar al calendario para "hacer del lunes otro sábado". Urge jugar de farol, nadar sin guardar la ropa, apostarlo todo al siete y empezar de cero. Tiremos los dados sin miedo a morir porque ya estamos muertos. Celebremos lo poco que tenemos porque es mucho más de lo que podríamos haber perdido. "Ayer se fue, mañana no ha llegado". Brindemos entonces por hoy, por este septiembre todavía soleado. ¿Que solo son dos días? Y dos noches. ¿Que el bar está a punto de cerrar? Pidamos otra copa. ¿Que el mundo es un tsunami? Pues surfeémoslo, porque solo hay dos maneras de pasar la vida: mirando el reloj o el culo de la chica.

Agosto tiene la culpa. Eso lo sabemos. Y tal vez septiembre sea un cabrón, pero no un puto cabrón. Depende de nosotros. Se trata de olvidar las nubes, de ponerle al mal tiempo buena cara, de querer querer. En resumen, se trata de disfrutar del desierto porque detrás de esa duna está la playa. Mintámonos un poco, coño, que la vuelta al cole no solo trae deberes; también viejos amigos y nuevos amores y recreos y viernes por la tarde. Toca disfrutar, ahora que aún se puede, que mañana será otro día y quizá venga de luto. Hágannos caso: Este lunes no merece una lágrima.

1 comentario:

José Ángel Sanz dijo...

Enorme. Yo, cuando me encontré con que el 1 de septiembre además era lunes, me planteé denunciar tal atropello ante el Tribunal de La Hay. Luego se me olvidó. Capacidad de adaptación, dicen. :-D

Un abrazo