Aunque en televisión cada minuto es el último minuto, estos días las competidoras de La Primera bajan los brazos porque saben que el partido está perdido. No pueden luchar contra esa querencia del espectador a lo que sea con tal de que sea olímpico. Así, el hockey-hierba, el pimpón, la hípica o el tiro con arco pasan del pasotismo generalizado al fervor popular. Ocurre lo mismo que con la Navidad: en agosto no come turrón ni Rita, pero llega diciembre y es un no parar.
Decimos que la pasión es mucha, sobre todo cuando le toca el turno a nuestro deporte nacional, o sea, el judo. Llegan las finales y hasta en la mesa se discute si la llave valía un ippon o un waza-ari. Y además en este caso, al contrario que en el fútbol, se habla con conocimiento de causa, ya que no hay familia española que no tenga, como poco, un cinturón naranja entre sus miembros.
Ayer vimos la ceremonia de apertura sin novedad. Mucha pirotecnia, mucha luz y mucho chino. Nos gustó como nos gustan todas, aunque luego no recordemos ninguna, salvo la nuestra, claro, porque el Peret rumbeando al mundo es una cosa mítica. Dicen que igual superamos las 22 medallas de Barcelona. Ojalá. Por poder, podemos ganar en todas las disciplinas menos en las tres que no participamos: béisbol, BMX -que es como ciclocross en pista- y, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡fútbol! Cágate lorito. Justo ahora que los mayores ganan la Eurocopa, los pequeños, que siempre habían ganado, no pasan el corte. En fin.
Nosotros, que pasamos del pasado, es decir, de la gloria triste de aquel cinturón naranja-verde, cambiamos todas de medallas por el oro de la ÑBA. Pasarle por encima a Kobe y compañía con un triple del gran Ricky sobre la bocina... ¿Se imaginan? Eso sí que sería inolvidable. Piénsenlo bien: ganar la final de judo mola, pero a los cuatro meses no se acuerda ni Rita, que por entonces ya estará poniéndose ciega a polvorones.
lunes, 11 de agosto de 2008
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1 comentario:
Cada vez veo a la ÑBA más capaz de hacerlo, y cada día menos... que no se qué pensar. Deberíamos tener un buen día, y echarles laxantes en las bebidas isotónicas, a ver si le dejan a Ricky, hombre, que se lo merece...
Y mí me gusta el judo, Nacho, ¡de verdad!, :-D
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