Con el Archivo pasa lo mismo que con la vesícula: te da pena cuando te la quitan, pero como no sabes muy bien para qué está, pues enseguida a otra cosa, mariposa. También podría compararse con los dientes de leche: el primero que se cae es noticia, pero el último no le interesa ni al ratoncito Pérez.
La semana pasada se llevaron otras siete cajas de San Ambrosio y se dijo mú con la boca pequeña. La primera vez, en cambio, casi nos inmolamos para que nada se pierda. ¿Por qué antes tanto y ahora tan poco? Bueno, porque los legajos eran una excusa para la bronca, otra bala para disparar al grito de ¡Es la guerra, más madera! Nunca entendimos tanta pena ciudadana por unos papeles que ni habíamos leído, ni eran nuestros, ni sabíamos que estaban. Vamos, como la vesícula, que hasta que no te la quitan no la echas de menos. Y aun después, si un amigo les confesara que está pasando una depresión porque no sabe vivir sin vesícula, ¿les parecería serio? A nosotros tampoco.
El pueblo, o sea, Vicente, que tiene toda la soberanía, pero muy poca cabeza, se llega hasta la pancarta si allí va la gente. De hecho, ¿cuántas de las miles o millones de personas que acudieron a la manifestación por la unidad del Archivo fueron a defender la causa y cuántas cogieron coches, trenes y autobuses para darle en la nariz a ZP? Rajoy dice, y lleva razón, que los españoles pasan de estatutos y de alianzas de civilizaciones, que lo que les interesa es la cesta de la compra, la hipoteca y el fútbol. Entonces, si en aquel 11-J de hace tres años no daban pastas, ¿qué coño pintaba tanta camisa rasgada por la calle Gibraltar? Y ya puestos, ¿dónde se metió el rebaño la semana pasada? Porque es curioso: Ahora, que ni Pinito del Oro llega a fin de mes, no se manifiesta ni Dios. Antes, cuando el estado del bienestar no se saltaba una siesta, salíamos a la calle día sí, día también, para demostrar que lo importante no era el qué, sino el cuántos. El caso es que como Fuenteovejuna salió mal, parece que es tiempo de quedarse en casa, de calladito estás más guapo, y a portarse bien, no sea que el ratoncito Pérez pase de largo.
Visto lo visto (o mejor dicho, lo no visto) la semana pasada, parece que el Cristo montado alrededor del Archivo Histórico de Salamanca no le importaba ni al costalero. Y como el mucho teatro da como resultado más teatro, para echar el telón a la polémica de los legajos guerra inciviles va de coña la rima con la que cierra el programa de lucha libre el comentarista de Cuatro: "Aquí estoy porque he venido, / porque he venido aquí estoy. / Si no les gusta mi canto, / como he venido, me voy".
jueves, 7 de agosto de 2008
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5 comentarios:
Filomeno... a tu pesar, no al mío. No tengo el gusto, pero encantado
Es que, como dijo no sé quién, lo cortes no quita lo revolucionario. Saludo
"La gente va muy bien", que cantaba Serrat. Vamos, que somos unos borregos. Que entonces aquello ya olía a chamusquina, y esto demuestra que los políticosm, mal que nos pese, saben lo que se hacen para armar la bronca a su favor
Abrazo
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