sábado, 12 de julio de 2008

La corbata

El día en que la corbata deje de ser obligatoria me compraré una. Mientras tanto, seguiré pasando por un tipo irrespetuoso, poco serio y nada elegante; defectos estos que se le suponen al descorbatado.

Esta prenda, que es al protocolo lo que la careta, al disfraz, se usa para pasar desapercibido en este baile de máscaras de a diario que llamamos "la sociedad". Es lo mismo que en la selva. Allí, el que quiere mimetizarse con el entorno se hace un sombrero de ramitas. Aquí, en la selva de asfalto, se pone uno la corbata y a correr. Precisamente, como va muy bien para el camuflaje, se estila una barbaridad entre los ladrones de guante blanco, siendo lo del guante una metáfora de la corbata. Por ejemplo, Roldán usaba corbata, y Mariano Rubio, y Mario Conde, y los Albertos, y Berlusconi, y... Esto que digo no quiere decir que los encorbatados sean unos delincuentes, ni mucho menos; pero es muy cierto que el ladrón fino, o sea, el que te la clava mirándote a los ojos, lo primero que hace es comprarse un traje con corbata a juego.
Les cuento una anécdota familiar: A mi padre no le gustaba llevar corbata, pero mucho menos saltarse el protocolo, así que cuando la ocasión lo exigía, se la ponía y punto. Aunque le resultaba incómoda, estaba de acuerdo con "la sociedad" en que daba un aire de seriedad y respetabilidad a su portador. En resumen, que su uso suponía un plus de fiabilidad. Un mal día le alquiló un piso a un tipo que resultó ser un chorizo. Cuando se largó dejando a deber no sé cuántas mensualidades, le pregunté a mi padre cómo es que había hecho tratos con semejante caradura. "Porque me pareció de fiar, como iba de traje y corbata", me respondió mientras masticaba la moraleja: El hábito no hace al monje. A partir de aquel día, mi padre, que era un hombre confiado, dejó de desconfiar de quienes, como su hijo, prescinden de la corbata.
Otra anécdota: Cuando Evo Morales despachó con el rey vistiendo un jersey típico boliviano, muchos defensores de las buenas maneras pusieron el grito en el cielo, tachando al presidente andino de "maleducado" y pasando por alto que este señor tampoco se puso corbata en su propia ceremonia de investidura, a la que, por cierto, acudió nuestro encorbatado príncipe sin que ningún columnista de aquel país le afeara la ausencia del jersey. Tanta hipocresía tiene que ver, cómo no, con el tanto tienes, tanto vales. Si usted representa a un país pobre, muéstrenos un poco de respeto y lámanos el culo con corbata. En cambio, si por ejemplo viene en nombre de Arabia Saudí, tenga usted estas Ray Ban de repuesto y ahí van unas corbatas de seda para el baile de disfraces del harem, que en España sabemos respetar las costumbres del poderoso caballero.
(Artículo publicado en El Adelanto de Salamanca)

1 comentario:

José Ángel Sanz dijo...

Y luego está el trauma de los que no la usamos nunca y, un día, tiramos de ella porque sí, sin boda ni funeral de por medio. Todo el mundo te pregunta, sin compasión, de dónde vienes. Del Congreso, suelo responder.